Por Aime Sosa Pompa
Hace 195 años, un día como hoy, una heroína llamada Mariana era injustamente ejecutada y un poeta declaraba: "¡Oh, qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar!"
Ella, Mariana Pineda, con apenas 26 años, defendía ideales de una libertad popular vestida de liberalismo. Se opuso a ser traidora y nunca dio los nombres de quienes pensaban igual, mientras luchaba contra el absolutismo de Fernando VII. Desde su muerte se convirtió en un verdadero ejemplo de lealtad y su vida fue un recordatorio del sacrificio por una causa justa.
Él, Federico García Lorca, rescató un romance infantil que le causó honda impresión desde niño al ver la famosa estatua de bronce en su ciudad. Ahí estaba su figura: altiva, con los cabellos sueltos, la mirada al cielo, junto a una bandera que para entonces era un alegato de rebeldía.
Muchas Marianas han llegado a ser conocidas, codeándose con mitos, leyendas y personajes históricos, viviendo entre la ficción y las evidencias. Pero Mariana Pineda sobrecoge por su juventud, por ser madre y por una tenacidad a prueba de voluntades, más allá de un romanticismo que envolvió su verdadera existencia.
Su mayor delito en los días finales: poseer una bandera de tafetán morado con un triángulo verde y el lema "Ley, Libertad e Igualdad", una expresa rebelión contra la corona. El sumo peligro: una mujer que desafió a las autoridades siendo bella, maternal, amorosa, fiel y en plena resistencia, indomable y humana.
Cuando Lorca escribió la obra teatral tenía apenas veinte años y quiso dotar a su drama de un fuerte sabor romántico. Siempre pensó en la heroína liberal cual personaje trágico, algo que después repetiría en otras creaciones.
Incluso cuando se estrenó la obra en 1927 declaró: “Hay mil Marianas de Pineda distintas. La Mariana heroica, la Mariana madre, la Mariana enamorada, la Mariana bordadora, pero yo no las iba a «hacer» todas”.
También hay diferencias entre la verdadera Mariana y la que dejó la invención literaria. Auténtica matria, ella no admite la delación ni que su nombre se iguale a una persona traidora.
Lorca le hace decir: "¡No quiero que mis hijos me desprecien! ¡Mis hijos tendrán un nombre claro como la luna llena! ¡Mis hijos llevarán resplandor en el rostro, que no podrán borrar los años ni los aires!". Lo cierto es que ya encarcelada llegó a escribirle a su hijo José pidiéndole que se hiciera cargo de su hermana Úrsula y que no se avergonzara de su madre.
Fuerte personalidad que nos devuelve el drama lorquiano con una convicción que aniquila desplantes o ideas de entregas dóciles: " Tengo, sin embargo, que estar muy serena, muy serena; aunque me siento vestida de temblor y llanto".
Increíble heroína que a punto de ser ejecutada exclama: "¡No se podrá comprar el corazón de nadie!". Los indultos propuestos a cambio de nombres no le hicieron hablar. Preferir el garrote, un cruel instrumento, es más que valentía o pose estoica, tuvo la grandeza de callar por la verdadera libertad. El 26 de mayo de 1831, en los Campos del Triunfo de Granada, se cumplió la sentencia.
Casi un siglo después el poeta granadino la convierte en bordadora, en mujer que ama mientras teje los hilos de la libertad y en un espejo donde mirar a los peligros de las dictaduras.
Titula la obra "Romance popular en tres estampas", el pueblo recita, habla en metáforas deslumbrantes, las mujeres nunca están solas, y en cada jaula doméstica se están cosiendo tormentas. Ahí no hay estatuas de bronce sino corazones en apoteosis: "Amas la libertad por encima de todo, / pero yo soy la misma Libertad. Doy mi sangre, / que es tu sangre y la sangre de todas las criaturas".
Cada 26 de mayo hay que hablar de esta Mariana junto al único e irrepetible Lorca. Ambos se fueron volando por sus propios sueños, juntos compartieron raíces, actos de amor y las ansias de libertad, herida por los hombres.

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