Por Marilys Suárez Moreno
Este segundo domingo de mayo tiene la belleza de las flores y de lo que ellas representan, las madres. Imposible pasar por alto una fecha tan señalada como el Día de las Madres sin rendir homenaje o merecido tributo de recordación a la mujer que nos dio la vida, cuidó y educó sin pedir retribución alguna, solo un beso, un abrazo o un te quiero.
No importa que oficio o profesión realizara durante su vida laboral activa. Ama de casa, campesina, estudiante o trabajadora, científica, médica, periodista o la más empoderada de las mujeres. Todas, cuando son tocadas por el don de la maternidad se convierten en las más abnegadas para sus hijos e hijas.
Nuestras madres, abuelas u otras figuras maternas son el pilar que sostienen nuestras vidas y aún cuando ya no estén físicamente, nos siguen acompañando y su recuerdo es impulso y paliativo para continuar adelante, como ellas querrían.
Mamá, ama sin condiciones y en el hogar es principio y fin de todo, solo por amor y por ver feliz a su familia. Sus consejos son como luces que alumbran sin cesar nuestro camino.
La fecha fue concebida con carácter oficial en Cuba hace 125 años, cuando el Ayuntamiento de La Habana aprobó su celebración. Honra la figura materna como símbolo de vida y fertilidad y deviene tradición, como ocurre en otras partes del mundo este día o los escogidos por otros países.
La misma conjuga el amor a la maternidad, la fecundación y perpetuación, con el gesto agradecido, la caricia tierna y el obsequio espontáneo a quienes, por demás, merecen ser portadoras cada día de su existencia del abrazo protector y el beso amoroso de sus hijos e hijas.
Ninguna mujer nace siendo madre ni cuenta con manuales ni recetas propias para emprender el largo y difícil camino de la maternidad, pero sabias e intuitivas como somos, acabamos convertidas en niñeras y educadoras, porque el amor de madre es infinito e incondicional. Sus brazos son los más protectores y dispuestos a cobijar sin importar tiempo ni edad, su amor todo lo puede.
Fuentes de amor y sabiduría las madres cubanas, se crecen y hacen malabares con tal de que sus retoños no sientan las carencias y complejidades del día a día, aún con los miedos e incertidumbres que irrumpen los senderos de la vida.
Protagonistas de lo cotidiano, de miedos, aciertos, goces y sueños, ellas son, eso: Madres y todo lo bello que esa palabra única representa. A ellas, las más jóvenes, a las que se estrenan en la maternidad, a las que las arrugas de la vida les surcan el rostro, a las muchas que hoy apenas reconocen a sus hijas e hijos convertidos en cuidadores, y a las que ya no están físicamente, aunque si en nuestros corazones, dedicamos este día de besos y regalos; visitas y abrazos postergados, de glorias y cotidianidades, porque las madres son y siempre serán, esa luz diáfana que alumbra nuestro camino y el más leal y eterno de los amores.

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