lunes, 16 de febrero de 2026

El ciclo que duele, el espacio que salva: Laura López tejiendo pespuntes violetas desde Cienfuegos (II parte)


Por Aime Sosa Pompa

Laura Magda López Angulo, mujer de ciencias, sicóloga y una total lideresa fundadora de la Cátedra Género- Salud y Sexualidad de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, encarna una ética del cuidado que no se agota en la compasión, sino que se traduce en acción sistemática, rigurosa y colectiva.

Como persona, irradia una ternura combativa: capaz de llorar por una vida perdida, pero también de celebrar cada paso hacia adelante. Su deseo final es el corazón abierto al nieto: “espero estar clara 10 años más… para acompañar a mi príncipe en la primaria”. Ese no es solo un anhelo personal, sino una metáfora de su compromiso: seguir presente, guiando, sembrando.

Con un tono pausado, dulce pero fuerte me comenta sobre ese tipo de relación, de desequilibrio que se da en la pareja y son expresiones de microviolencia: “con el ciclo de la violencia va pareciendo normal el me cela, me limita, no quiere que yo haga tal cosa, me impone... También el cómo vestirse, comportarse. O sea, se van dirigiendo las actividades propias de la mujer, pues lógicamente ella va a tener entonces un vínculo de dependencia a sumisión. No un vínculo de pareja equitativa”.

“Y al ir tomando otra posición de subordinación, ella no se va dando cuenta cómo es este ciclo de la violencia, que en un primer momento empieza con estos comportamientos, pero después cada vez se va desde lo que era violencia psicológica, simbólica, a la física, al empujón, a la fuerza. Vuelve el periodo de luna de miel: porque no lo voy a hacer más, eso fue un día que yo lo tenía malo, porque me tomé dos tragos. Y no es así. Cada vez se va el ciclo cerrando más y cada vez la violencia aumenta tanto en la frecuencia como en la intensidad y la escalada del daño se hace mayor”.


Ambas asentimos al reconocer que ahora la violencia es más visibilizada porque las redes sociales ayudan. Yo, le digo, sigo pensando que es así pero hay pupilas cegadas, muchos ojos cerrados, tantos oídos sordos a lo que está pasando en la calle, al frente, en la casa al lado. Le pregunto: ¿ Cómo valora la situación en pleno siglo XXI ?

“En primer lugar, tenemos el respaldo de los mandatos normativos. En una comunidad, en un país, cuando la superestructura norma y establece como es la ideología, los aspectos de la cultura, pues lógicamente esto va transformando lo que es la subjetividad individual…, y bueno que hay un despertar. Primero que se den cuenta: yo soy víctima de la violencia, ese es el primer paso, para entonces tomar ciertas decisiones. Los hombres también buscan ayuda porque no quieren ser violentos, sí, como que no”.

Uno de los mayores orgullos de Laura es la consulta multidisciplinaria que implementó en Cienfuegos en 2010. “Era un lugar neutro”, explica con entusiasmo. “No estábamos ni en el hospital ni en la policía… usted pasaba por ahí y no sabía qué era”. Allí convergían el instructor policial, la fiscal, la trabajadora social, el médico legal y ella. Y no era solo burocracia: “Los instructores policiales me traían al hijo, al hermano… incluso decían: ‘Yo le voy a traer a la mamá de la víctima María para que usted hable con ella’”.

En ese espacio, una paciente le confesó algo revelador: “La fiscalía sí que me ayudó”. Para Laura, esa frase era la prueba tangible de que la protección legal da seguridad para evitar permanecer en una situación de riesgo.


Sin embargo, no puede negarle el llanto a su propia voz cuando recuerda con dolor el caso de una joven asesinada tras salir su agresor de prisión —“eso me marcó… sentí que quizás si la hubiera atendido…”—, insiste aunque reconoce que han sido “más felices que tristes finales” los que ha tenido.

“Vino a mí el hermano de esa persona a la consulta. Él quería que nosotros la atendiéramos porque ella había sido víctima de violencia y esto yo quiero recalcarlo. Ocurre más y aumenta la escalada del daño cuando la mujer se decide a romper el vínculo, que cuando se mantiene. Entonces, ese hombre había sido una pareja que ya estaba preso por dos años por haber sido maltratador de esa muchacha. Y ella tenía miedo, temía por su vida porque él dejaba un mensaje: cuando yo salga de pase, cuando yo salga de aquí, yo la mato…, yo la mato. Entonces, me viene a ver a mí porque ya él iba a salir de pase para que la atendiera. Yo salía de vacaciones al otro día y le dije: “Por favor, yo la voy a ver dentro de 15 días aquí mismo”.

“Como su hermano trabajaba en salud pública, yo me lo encuentro al cabo de los días y le dije: Ya empecé para que me la traiga. “Profesora, ¿usted no oyó el caso de la muchacha que mataron en el parque, públicamente? Esa era mi hermana.” Eso a mí me marcó, me marcó porque sentí que quizás si yo la hubiera ayudado y tenía la fiscal al lado, eso no hubiera pasado.

Hoy Laura, con más de 45 años de trabajo, mira al futuro con una mezcla de inquietud y orgullo. “Me preocupa el legado”, admite. Pero respira tranquila: su vicepresidenta en la Cátedra de Género hizo su doctorado en violencia en el noviazgo adolescente; otra colega investiga el bullying entre escolares de cuarto y sexto grado; una enfermera prepara una tesis doctoral sobre protocolos de atención comunitaria. “Ya el relevo está desde la formación de pregrado”, dice con satisfacción.

“Acuérdate que los servicios de salud son la primera puerta de entrada en este país y yo siempre digo: el médico y mucho más, la enfermera de la familia. Esas sí lo saben todo, porque el médico rota, transita más porque después va a hacer otra especialidad, pero la enfermera no”.

Con esa sapiencia de la experiencia hecha cuerpo, reconoce con honestidad: “Nunca me ha tocado hacer ninguna evaluación de ninguna política… ¡y tengo más de 45 años de trabajo!”. En Cienfuegos inició la implementación del Programa de Adelanto para la Mujer (PAM), o sea, fue la coordinadora del grupo asesor. Y resulta ser que el año pasado estuvo en un taller sobre ese asunto y salió renovada con un compromiso claro: “Lo que aprendí, lo voy a hacer, lo tengo que cumplir, evaluar en las provincias las políticas públicas con la identificación de los problemas, el método del árbol y otros más que en salud también se realizan”.

Sus valores son inquebrantables: coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace, generosidad al formar a otras, fe en la institucionalidad cuando sirve a la justicia, y una lucidez que nunca pierde la esperanza. En tiempos de desencanto, Laura recuerda que el cambio no ocurre en los titulares, sino en los consultorios, en las aulas, en los equipos multidisciplinarios, en las decisiones cotidianas, admite que es vital y fundamental hacerle saber a las personas todo esto que estamos hablando.

Me gusta saber que Laura no descansa, ella inspira más que cualquier teoría, quiere seguir transformando el mundo.

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