Por Aurika Rubio
El amor en la adultez mayor es un tema hermoso y profundamente significativo, pues demuestra que los sentimientos no tienen fecha de caducidad y que la conexión emocional puede florecer incluso en etapas avanzadas de la vida.
Ya no es el amor idealizado de la juventud, sino uno basado en la aceptación, la paciencia y la gratitud por el tiempo compartido, y las experiencias de vida (pérdidas, alegrías, desafíos) enriquecen la conexión emocional.
Hay compañerismo y complicidad porque el amor en esta etapa suele centrarse en la compañía, el apoyo mutuo y pequeños gestos cotidianos (un café juntos, caminar de la mano, cuidarse en enfermedades).
Además, la complicidad se fortalece con historias compartidas y recuerdos que se convierten en un legado común.
Se superan estereotipos, porque la sociedad a veces invisibiliza el amor entre personas mayores, pero estas parejas rompen prejuicios y pueden enamorarse nuevamente después de viudez o divorcio. En esta etapa demuestran que el deseo afectivo y sexual no desaparece con la edad (aunque pueda transformarse).
Las personas mayores también tienen desafíos propios de la edad como:
Salud: Enfermedades crónicas o limitaciones físicas requieren adaptación y cuidados mutuos.
Pérdidas: La partida de seres queridos o amigos hace que el amor se valore aún más como refugio emocional.
Historias que inspiran
Ejemplo real: La película *"The Notebook"* (El diario de Noa) muestra un amor que perdura hasta la vejez, con todas sus vulnerabilidades y belleza.
En la vida cotidiana, muchas parejas mayores son testimonio de resiliencia y ternura en residencias, parques o reuniones familiares.
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