lunes, 28 de julio de 2025

La madrugada que despertó a Cuba, desde el recuerdo de Clara


Foto: Yoan Pérez González

Por Linet Gordillo Guillama

Conversar con Clara Moya Duany, doctora en Ciencias Pedagógicas y residente hace más de medio siglo en Isla de la Juventud, es como abrir un cofre de memorias que aún resplandecen en su mirada. A sus 84 años, rememora el instante en que la historia cubana cambió para siempre.

Ella tenía 12 años cuando el asalto al Cuartel Moncada estremeció su ciudad natal, Santiago de Cuba.
La ciudad estaba vestida de fiesta. Los carnavales santiagueros eran una tradición nacional: ensayos, congas, comparsas, risas. Pero en la madrugada de aquel 26 de julio, algo distinto retumbó en las calles.

Clara, despierta por el asma, escuchó la llegada de sus tíos tras una noche de juerga. Pronto se oyeron disparos. Desde su casona colonial cerca de la calle de Enramada, los sonidos eran ensordecedores, aunque la fortaleza militar quedaba a cinco cuadras.

La gente corría sin rumbo, gritaba, se escondía tras las columnas de los portales. Alguien gritó: “¡Los guardias del cuartel se están matando entre ellos!”, narra como si reprodujera en palabras una película recién vista.

Su abuela ordenó esconderse bajo las camas. Minutos después, un grupo corrió por el zaguán colindante con su casa hacia un solar. Luego supieron que eran algunos de los jóvenes asaltantes que intentaban replegarse. Un tío abuelo encontró una pistola Colt 45 que habían olvidado, mientras se refugiaban momentáneamente en su cuarto al fondo del patio.

Cuenta la octogenaria mujer que los días siguientes fueron de horror. Las fuerzas del régimen desataron una represión brutal. Clara recuerda cómo las familias buscaban desesperadamente a sus hijos y el modo en que el luto y la tristeza se apoderaron de los barrios. El centro urbano se llenó de susurros, miedo y una incipiente conciencia, interpreta a la altura de los años.

Uno de los recuerdos más nítidos es el de Pedro Sarría, sargento del régimen y vecino del barrio.
“Cuando capturó a Fidel Castro, lo presionaron para que lo llevara de nuevo al cuartel, pero él entendió que lo matarían. En lugar de eso, lo entregó vivo en el Vivac (antigua cárcel de Oriente) y sin un rasguño. Fue un gesto de honor.”

Después del Moncada, Santiago no volvió a ser la misma. La polarización social, el surgimiento del Movimiento 26 de Julio, la llegada del yate Granma, y la lucha en la Sierra Maestra. “Todo comenzó con los disparos de esa madrugada”, dice Clara con una sonrisa tranquila.

Me siento orgullosa de ser santiaguera, de haber sido testigo del despertar de la conciencia nacional... y también de contar esta historia hoy a las nuevas generaciones, concluye con su peculiar locuacidad.

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