Por Marilys Zayas Shuman
Naylin Machado Ávila no necesita una presentación rimbombante. Su voz tiene la firmeza de quien ha vivido la militancia como una construcción diaria, con barro en las manos y principios en el pecho. A sus 12 años de trabajo en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), se suma un hito reciente: ser la primera secretaria de la organización en la provincia de Ciego de Ávila. Un rol que la coloca no solo en el centro de decisiones, sino también en el epicentro de inquietudes juveniles, desafíos ideológicos y sueños colectivos.
Aunque su recorrido en la organización es amplio, lo que marca la diferencia en su relato no es el currículum, sino el compromiso con cada joven.
“Tomamos medidas para buscar soluciones a las inquietudes de la juventud”, dice, sin perder de vista que la historia no solo hay que conocerla, sino también vivirla".
Lo demuestra fehacientemente con la movilización de estructuras estudiantiles, la creación de eventos como el Festival de Artistas y el acompañamiento a los estudiantes de la FEU desde el poscongreso hasta la cita nacional.
El vínculo entre la UJC y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) atraviesa su narrativa como un tejido vivo. Naylin lo define como una de las alianzas más estrechas: en actividades comunitarias, en el abordaje crítico de temas como la violencia de género y en los espacios de diálogo con jóvenes.
“No es un tema que se pueda tratar a la ligera”, afirma. Por eso, la militancia juvenil se convierte en una herramienta pedagógica y política que sensibiliza, informa y moviliza. Hoy, la organización que lidera esta joven en la provincia de Ciego de Ávila se prepara para las celebraciones del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional.
Cada jornada de trabajo en la provincia se convierte en una nueva escena de impacto, con el despliegue de actividades en sectores como salud, educación y campesinado. La organización ha apostado por construir comunidad con juventudes valiosas en cada rincón, por eso insiste en que cada acción debe ir acompañada de un compromiso con el futuro.
“El compromiso no es solo con una tarea, es con los jóvenes, con las mujeres que necesitan empoderarse, en la comunidad que espera respuestas. Bajo esa premisa, su trabajo cobra una dimensión ética: hacer política con sentido humano, construir organización desde las realidades locales y seguir apostando por una militancia que inspire, cuide y transforme".
Cuando le preguntan quién es, no lo piensa. “Me gusta que quienes trabajan conmigo se sientan bien.” Se define como una mujer preocupada, solidaria, capaz de ser parte de una manada y también de mantener la seriedad cuando es necesario.
Su mensaje final, dirigido especialmente a las jóvenes, no es consigna ni discurso aprendido: “Somos y tenemos que seguir siendo el ejemplo de todos aquellos que hoy necesitan empoderarse para alcanzar sus metas.”
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