Su camino estuvo matizado por la gloria y las decepciones, la intriga y la traición, pero brilló tan alto que devino en el Padre de la Patria cubana
Por Marilys Suárez Moreno
El 27 de febrero de 1874 le sorprendió la muerte. Avistado de la presencia española, acorralado, solo con su pistola, buscaba donde protegerse cuando fue abatido en desigual combate. Cayó, barranco abajo, en los farallones de San Lorenzo, sin hacer renuncia de sus principios, tal como había vivido.
Destituido como primer presidente de la República en armas, Carlos Manuel de Céspedes, tuvo que esconderse en la Sierra Maestra, pero hasta allí le llegó la traición.
