jueves, 15 de octubre de 2026

Magalys Pedrero Basulto: sembrar con amor, cosechar esperanza

 

La agricultora camagüeyana, fundadora del Movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, figura entre las 100 Mujeres Heroínas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural en 2026.


Por Marilys Zayas Shuman

Hay mujeres que hacen de su trabajo una forma de vida. Mujeres que conocen el valor de la constancia, que no se acostumbran a las dificultades y que encuentran en cada jornada una nueva oportunidad para aportar. Magalys Pedrero Basulto es una de ellas.

Desde hace varias décadas, esta camagüeyana está vinculada a la producción de alimentos. Como administradora del organopónico Centro, en la ciudad de Camagüey, ha construido una trayectoria marcada por la entrega, el compromiso y el amor a la tierra. Su historia está estrechamente ligada al desarrollo de la agricultura urbana en ese territorio, movimiento del que es fundadora desde sus inicios.

Su nombre trascendió las fronteras cubanas en 2026, cuando fue seleccionada entre las 100 Mujeres Heroínas de la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural, una iniciativa internacional que reconoce a mujeres cuyas contribuciones ayudan a transformar la producción de alimentos y las comunidades.

Para Magalys, la noticia tiene un significado que va más allá del reconocimiento individual. Representar a Cuba significa, también, llevar consigo el esfuerzo de las mujeres que cada día trabajan en los campos, organopónicos, cooperativas y otras unidades productivas del país.

Una vida entre cultivos

Su historia profesional comenzó con los primeros pasos de la agricultura urbana en Camagüey. Desde entonces, ha permanecido vinculada a una actividad que exige conocimientos, disciplina, capacidad de organización y una voluntad capaz de renovarse frente a los obstáculos.

Al frente del organopónico Centro, ha contribuido a mantener una unidad reconocida en el territorio por sus resultados productivos. Allí, cultivar no significa solamente sembrar y cosechar. Implica organizar el trabajo, buscar alternativas, cuidar los recursos disponibles y sostener la producción para que los alimentos lleguen a la población.

En una entrevista difundida por Radio Cadena Agramonte, Magalys atribuyó los resultados alcanzados al amor con que ha desarrollado su labor. También recordó que ha permanecido al frente de su organopónico, procurando que la unidad no pierda su vitalidad y mantenga sus niveles de producción.

Esa permanencia habla de una forma de asumir el trabajo: con sentido de pertenencia, responsabilidad y compromiso cotidiano.

Producir en medio de las dificultades

La agricultura cubana enfrenta importantes desafíos para sostener e incrementar sus producciones. La disponibilidad de recursos, los insumos y las limitaciones materiales obligan a quienes trabajan en el sector a buscar soluciones y aprovechar al máximo lo que tienen.

En ese escenario, la experiencia de mujeres como Magalys adquiere especial relevancia. Su trayectoria muestra la importancia de los conocimientos acumulados, la organización del trabajo y la capacidad de encontrar alternativas para mantener activa la producción.

En sus declaraciones a la prensa, la agricultora expresó su orgullo por representar a las mujeres cubanas y destacó el esfuerzo de quienes continúan trabajando bajo circunstancias difíciles, con el propósito de contribuir a la alimentación del pueblo y prestar atención a las personas más vulnerables.

Su testimonio permite comprender que detrás de cada cosecha hay mucho más que resultados productivos: existen historias de perseverancia, aprendizajes compartidos y personas que sostienen una labor esencial para la vida.

Un reconocimiento que también pertenece a las mujeres rurales

La selección de Magalys forma parte de una iniciativa de la  FAO, concebida en el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026.

El programa distingue a mujeres de diferentes países que contribuyen a fortalecer los sistemas agroalimentarios, mejorar la seguridad alimentaria, proteger los recursos naturales y generar oportunidades en sus comunidades. En el proceso se recibieron 609 candidaturas procedentes de 131 países.

Que una cubana integre esta selección constituye una oportunidad para visibilizar la contribución de las mujeres a la producción de alimentos y al desarrollo rural. También invita a mirar más allá de las estadísticas y reconocer las experiencias de quienes, desde sus espacios de trabajo, hacen posible que la agricultura continúe.

Magalys ha expresado la felicidad y el orgullo que siente por llevar consigo el nombre de Cuba. Para ella, este mérito reconoce una trayectoria construida durante años, pero también representa a las mujeres que comparten su vocación y su compromiso.

Todo lo que hice es por amor

Al hablar de su camino, Magalys vuelve sobre una palabra que resume su manera de entender el trabajo: amor.

En las declaraciones recogidas por Radio Cadena Agramonte, manifestó que se siente satisfecha por la trayectoria que ha construido y por haber podido mantenerse vinculada a la producción durante tantos años. Incluso al acercarse a la jubilación, considera que se lleva una experiencia enriquecida por todo lo vivido.

Su historia nos recuerda que el liderazgo femenino no siempre ocupa grandes escenarios. A veces se construye día tras día, en una parcela, entre surcos y cultivos; en la responsabilidad de dirigir un colectivo, enfrentar dificultades y no abandonar una tarea que beneficia a otras personas.

La de Magalys Pedrero Basulto es una historia de trabajo y perseverancia, pero también de reconocimiento a tantas agricultoras cubanas cuyos nombres pocas veces llegan a las primeras planas.

Hoy, su distinción internacional ofrece una razón para contarla. Porque reconocer a una mujer que cultiva alimentos es también reconocer el valor de quienes cuidan la vida, sostienen comunidades y demuestran, con su ejemplo, que sembrar puede ser una manera de construir esperanza.

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