Por Marilys Suárez Moreno
De Martí habría que hablar todo el tiempo, leer sus obras, aprender sus Versos Sencillos y escritos, escudriñar en sus ideas y reflexiones y llevarlo en el corazón, como buenos martianos que debemos de ser.
Para este hombre universal, la grandeza estaba en la verdad y la verdad en la virtud. Tuvo en muy alta valoración el cultivo de tales sentimientos. Decía que: “Solo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria”.
Para Martí, los valores espirituales eran bienes supremos y siempre tuvo palabras de estímulo y ardor hacia las personas y sus necesarias probidades, esas ganancias que sin verse, brillan y deslumbran en quienes las poseen.
Lo humano de su pensamiento inmenso se expresa en toda su obra, tanto la periodística y literaria, como la dedicada a la independencia de Cuba.
Su ideario esclarecedor ostentó el sello ejemplar de su existencia, signada por la entrega a la emancipación patria. Su doctrina y pensamiento trazaron la senda de los hombres del Moncada y del Granma.
Benjamín Guerra, patriota y colaborador de Martí, dijo que era un hombre eminentemente práctico; que sabía administrar, preparaba con cuidado sus proyectos y nunca erraba, siempre los realizaba.
Aquel prócer inteligente no era un soñador ni un visionario animado por sentimientos poéticos. Tenía conciencia de lo real y de lo histórico y ello se reflejaba en su consagración a la organización del Partido Revolucionario Cubano, que creó el 10 de abril de 1892 y a la guerra que llamó necesaria y que se hizo realidad, merced a su organización y dirección, el 24 de febrero de 1895.
Enrique Collazo, contribuyente en sus empeños, lo calificó como un “hombre ardilla”, pues quería andar tan deprisa como su pensamiento.
Por eso la existencia de Martí fue un ir y venir sin reposo. Su corazón, abierto permanentemente a la fraternidad humana, supo leer en las valías espirituales de su pueblo lo que este era capaz de hacer.
La existencia de Martí estaba regida por el deber y el hacer. Interminable fue el diapasón en el que fue moviendo su diario bregar, tutelado por el clamor libertario de su patria.
Pensador analítico y profundo antiimperialista, revolucionario defensor de los pueblos y la igualdad social, con la fuerza moral de quien no se deja dominar ni abatir, asentó sus ideas en verdades rotundas.
Como explicó Armando Hart en una conferencia magistral, en su concepto sobre la utilidad de la virtud, Martí relacionaba la bondad, el bien, con la inteligencia y con la felicidad. Y alertó a los que no hacían nada: “No se tiene el derecho al aislamiento, se tiene el deber de ser útil”.
Sus conceptos éticos y morales lo encaminaron por tales senderos, no exentos de contradicciones y reveses, de pérdidas dolorosas, desencuentros e incomprensiones.
Como dijo de él Generalísimo Máximo Gómez, pensemos que su memoria está santificada por la historia y por el amor, no solamente de sus conciudadanos, sino de la América toda.

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