En el parque Mariana Grajales del municipio Plaza de la Revolución, las cubanas volvimos a levantar la voz este 7 de abril para honrar el natalicio 96 de Vilma Espín. Su legado nos convoca como fuerza viva de la Revolución, como memoria que se hace presente en cada acto de resistencia.
La denuncia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra nuestro pueblo estuvo en el centro de la jornada: un bloqueo que golpea con especial dureza a las mujeres, que sostenemos hogares, escuelas, hospitales y comunidades. Frente a esa agresión, reafirmamos que la dignidad no se negocia y que la voluntad de las cubanas no se quiebra.
Pero la celebración fue también cultura: música en vivo, danza, teatro, voces infantiles y juveniles que llenaron de alegría el parque.
Los instrumentos, los cantos, los cuerpos en movimiento y la creatividad popular se convirtieron en denuncia y en fiesta, en resistencia y en esperanza.
Vilma nos enseñó que la emancipación de las mujeres es inseparable de la emancipación de la nación. Hoy, las cubanas demostramos que la Revolución se defiende con arte, con ternura y con firmeza.
Fue un latido colectivo contra el bloqueo que pretende asfixiar la vida cotidiana. Se tejió la certeza de que la resistencia tiene rostro femenino.
Cada paso, cada consigna, cada mirada compartida fue un recordatorio de que la dignidad no se negocia, que la ternura y la firmeza pueden caminar juntas, y que la historia se escribe con manos de mujer.
La actriz Mirta Pedro no regaló entonces la fuerza de un poema que atraviesa fronteras y tiempos: la “Carta de una madre cubana a una madre norteamericana” del Indio Naborí.
“Madre, dile a tu hijo que no venga,
que no venga a matar,
que no venga a morir;
dile que aquí hay madres que lloran,
dile que aquí hay hijos que esperan…”



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