jueves, 9 de abril de 2026

Ada Galano: la Patria como raíz y la solidaridad como hacedora de maravillas (1ra parte)


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Ada Galano es presidenta de la Coordinadora Nacional de
 Cubanos Residentes en Italia (CONACI)

Por Marilys Zayas Shuman y Aime Sosa Pompa

Conversar con Ada Galano es como ir transitando sin señales de pare y entre puentes de emociones y gratitud por una amplia carretera donde los paisajes insulares de esta Cuba invencible y bella se hacen más cercano. Ella ya es más que un rostro conocido desde hace años por sus enormes gestos de amor a su patria.  Aunque desde hace años reside en Italia se siente desde la calidez de su voz y el brillo de su mirada que todavía su corazón está enraizado en esta tierra caribeña.

Estuvo entre las personas que se sumaron con valentía y tesón al Convoy Nuestra América, específicamente en la delegación europea, aunque esta no es su experiencia como activista, y su afán no responden a fines turísticos, sino que ha engrandecido sus memorias; aún mas cuando es presidenta de la Coordinadora Nacional de Cubanos Residentes en Italia (CONACI) e integrante de Mujeres contra la Guerra y de Marianas Cubanas Contemporáneas.

Esta conversación vía online con la Editorial de la Mujer y en especial con la Revista Mujeres, es una manera de aplaudir, como se hacía años atrás durante la pandemia de Covid19, a quienes siempre han estado ahí para tender cuerpo, corazón y vida por la Cuba que les cobija siempre.

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Me hicieron reforzar mi militancia, inclusive ya desde los inicios de los años 90 
empecé a viajar a Cuba con brigadas de solidaridad y participar desde acá.

 La raíz y el viaje 
RM: - Ada, ¿qué memorias de tu infancia en Cuba siguen latiendo en ti, incluso viviendo en Italia?
Ada: - Hay muchas memorias que guardo de mi infancia, sobre todo desde muy pequeñita. Recuerdo cuando mi papá estaba en la lucha contra bandidos que llegaban a la casa cuatro o cinco jeeps, esos jeep rusos de esa época, con barbudos. Éramos muy pequeños mi hermano y yo, y que teníamos miedo porque la barba de mi papá y de sus compañeros, nos pinchaban. Incluso  me recuerdo en esa época de Pepe Ramírez y muchos compañeros que después fueron altos funcionarios de la Revolución. 

La infancia, en la escuela, la participación en las actividades que se hacían los viernes, en el matutino martiano... Son muchísimos los recuerdos lindos que tengo y ojalá que todos los niños del mundo pudieran tener la infancia que tuve yo: esa libertad de andar por los ríos, por los montes, por las montañas...; de tener tantas cosas lindas en las escuelas, tantos actos y tantas cosas que se hacían en ese período que yo viví en Cuba.

RM: - ¿Cómo se transforma la identidad de una mujer cubana cuando cruza fronteras y construye vida en otro país?  
Ada: - Yo creo que mi transformación de identidad como mujer cubana cruzando las fronteras se radicalizó. Porque cuando tú amas a tu país, y valoras las cosas que tienes en tu país, luego llegas al exterior y empiezas a ver cómo funcionan las llamadas democracias de los países occidentales, y hay cosas que te radicalizan.

Me hicieron reforzar mi militancia, inclusive ya desde los inicios de los años 90 empecé a viajar a Cuba con brigadas de solidaridad y participar desde acá. Me batía y organizaba actividades y cosas para enviar a Cuba. Así que mi transformación fue para más cubanía, más radicalización como mujer cubana. 

El padre de mi hija me decía que cuando se escuchaba el nombre Cuba siempre se me iluminaban los ojos. Y es que yo pienso que gracias a Cuba, gracias a mi isla, yo he podido sobrevivir las miserias humanas que se viven en estos países..., ese desamor, no sé, es todo diferente y esto que aprendí aquí en mi país es lo que me ha radicalizado. No solo como mujer, sino como cubana que he defendido y seguirá defendiendo a capa y espada, mi cultura, mi identidad, mi derecho de ser libre y el derecho de mi pueblo de elegir su propio camino. 

Ese camino tiene que ser elegido por los cubanos. Todo lo que se quiera cambiar en Cuba tiene que ser elegido y cambiado por los cubanos que están en la isla.

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La solidaridad es uno de esos puentes que como la música y el deporte no se pueden bloquear.

La solidaridad como puente
RM: - ¿Qué significa para ti tender puentes entre la diáspora y la isla en momentos de crisis?
Ada: - La solidaridad es uno de esos puentes que como la música y el deporte no se pueden bloquear. La cultura no se puede bloquear y la solidaridad es ese puente que se crea entre los pueblos, como dijo alguien, solo los pueblos pueden salvar a los pueblos; y es ese puente entre Cuba y la diáspora en estos momentos de crisis. Creo que todos los cubanos que vivimos en el exterior y que amamos a Cuba y a nuestro pueblo debíamos crear muchísimo más puentes, porque nosotros somos hijos de esta tierra,  de esta isla y a ella nos debemos.

Para todos los que somos martianos, creo que de José Martí aprendimos ese amor profundo por la patria y como dijo él, es la parte de deber que como cubano nos corresponde. No importa dónde estemos, en qué lugar del mundo, yo creo que debemos ser siempre solidarios con los nuestros.

Ahí están los maestros que nos formaron, los médicos, las enfermeras que nos pusieron las vacunas y... ¿qué significa sobre todo eso? Significa que Cuba para el mundo debe ser defendida, porque hablamos de solidaridad en estos momentos, pero Cuba está simplemente recogiendo esa solidaridad que ha sembrado por el mundo en más de 160 países. 

Y yo creo que salvando a Cuba no solo estaremos salvando Latinoamérica, no solo estaremos salvando el sur del mundo, sino que estaremos salvando ese faro de los países en el mundo que no tienen voz, de todas las personas necesitadas en el mundo.

Cuba sigue siendo, a pesar de todas las dificultades, a pesar de todos los problemas que tenemos, sigue siendo esa luz a la que las personas se siguen agarrando, se siguen sujetando para los cambios de hacia un mundo mejor que tiene que ser posible. 

Toca a los pueblos escribir su propia historia, continuar la solidaridad que en estos momentos se está moviendo hacia Cuba un faro que tenemos que seguir para     que atraiga solidaridad, para ayudar en estos momentos de crisis. Sobre todo con este último decreto sobre el petróleo que se ha estipulado el 29 de enero por el gobierno de Donald Trump. 

Creo que este es un momento crucial en que no solo los cubanos, sino todos los solidarios en el mundo, todos esos pueblos por donde Cuba ha pasado compartiendo lo poco que tenía, es el momento de que regresen hacia nuestro país toda esa solidaridad.

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Es algo que se queda con uno más allá de todo
 lo que pueda suceder.
RM: - ¿Cómo se vive la ternura y la fuerza de la solidaridad cuando se organiza un convoy como Nuestra América?  
Ada: - Cuando se organiza un convoy son tantas las emociones que a veces no existen ni los verbos ni los adjetivos ni las palabras para explicarlo. Te voy a hacer una anécdota:

Se dan las protestas del 11 de julio, y el 15 me llama un amigo, ese hermano que yo digo que es un cubano nacido en otra geografía, que es Michelle Curto. Y me dice, "Oye, negra, vamos a llenar un avión de medicinas para Cuba por lo de la COVID." Y yo le dije, "Vamos." Y él se sonríe y me dice, "¿Y tú crees que lo podemos llenar?" Y yo le dije, "Bueno, si no lo llenamos, lo ponemos por la mitad." Y el 26 de agosto ese avión estaba aterrizando en la Habana, repleto de insumos para los hospitales donde se estaban atendiendo a los enfermos de COVID.                                

Fue un viaje muy sentido. Estuve entre los tres compañeros que fuimos repartiendo los insumos desde la Habana hasta Oriente. Cada vez que llegaba a un hospital y veía a mis médicos con esos ojos lúcidos a pesar de las lágrimas, a las enfermeras recuperando el aliento por de lo que estaban viviendo...
 
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Nosotros llevamos medicamentos como Atracurio y otros que sirven para la relajación de los pacientes cuando se van a intubar, en Ciego de Ávila o en Santiago de Cuba: un médico nos contaba que a ellos les dolía el dolor y la incomodidad que sentían los pacientes cuando tenían que intubarlos porque no tenían esos relajantes musculares. Cuando llegamos a Santiago de Cuba, al Hospital Provincial Saturnino Lora, ya estaban usando las cámaras para la oxigenoterapia y los ventiladores que habíamos llevado.
 
Yo en ese momento me sentí parte de una cosa tan grande, al saber que ese granito de arena que estaba portando, estaba salvando a mis hermanos, a mis cubanos, eso para mí fue indescriptible. En esa ocasión éramos todos italianos. Y fue una vivencia que no hay palabras para describirla.

Pero esto de la caravana, donde más de 1200 personas que llegaron a Cuba desde 33 países, más de 300 asociaciones y organizaciones... Para mí ha sido algo que jamás podré olvidar, que me llevaré en mi corazón, a pesar de todas las calumnias y de todo lo que ha provocado, para mí será inolvidable. Será inolvidable ver la solidaridad de tantas personas, haberlas conocido aquí porque nos conocemos hace mucho tiempo en la red, cada uno en sus países. Haber conocido a Medea, a la hija de Marxlenin a Thiago, a Manolo de los Santos y a tantos otros hermanos de tantas partes del mundo, a esa delegación de Puerto Rico con ese cariño y ese amor por Cuba....

Es que cada persona que tú veías o que te abrazaba, eran personas que vinieron, me abrazaban y me decían: ¡Gracias!

Cuando fui a esa visita al hospital Hermanos Ameijeira, a la escuela Solidaridad con Panamá, en el Cerro Pelado (Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento), porque yo soy Licenciada en Cultura Física, y allí donamos guantes a la Escuela de Boxeo Kid Chocolate, en el Casino Deportivo... No se pueden describir las emociones que uno siente. Es algo que se queda con uno más allá de todo lo que pueda suceder. Te da fuerza y coraje y para seguir luchando y defendiendo nuestra isla al precio que sea necesario, al precio y lo repito, al precio que sea necesario.                  


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