sábado, 28 de marzo de 2026

Juventud, divino tesoro



Por Marilys Suárez Moreno

Porque también fuimos jóvenes e inconvenientes, tuvimos nuestras inquietudes, impaciencias, desconciertos, sueños y el sagrado derecho a decidir por cuenta propia, no nos gusta escuchar a algunos que para referirse a grupos de muchachos indisciplinados, o socialmente desviados generalicen a toda la juventud y despotriquen contra sus gustos, conductas y lenguaje con la consabida frase de: “la juventud está perdida”.

No se percatan de que tal sentencia lastima por su crueldad a un buen estudiante o a una joven trabajadora, por ejemplo. De esos que por sus condiciones y comportamiento ante la vida, enriquecen su accionar ante la sociedad y ante sí mismos. 

Nuestros jóvenes se han formado en la Revolución y como tal se reconocen en el futuro de la Patria. Ellos no solo conforman nuestra vanguardia juvenil, sino a esa otra avanzada que con visión de futuro, compone ese universo de muchachos y muchachas, que le ponen música a la existencia desde los más disímiles espacios estudiantiles, laborales, científicos, deportivos, artísticos, como trabajadores por cuenta propia o ejerciendo las profesiones y oficios de su preferencia.

Rebeldes por naturaleza, sensibles, inconformes, lozanos, combativos, como somos los cubanos, proyectan sus vidas lejos de esquematismos y conformismos. Los guían propósitos, preocupaciones sociales, criterios propios y abarcadores empeños, en correspondencia con su época y razones. Nuestra tropa joven tiene mucho por hacer y evaluar en el concierto de la sociedad mejor que buscamos para bien de todos. 

Jóvenes fuimos y copiamos moda e inventamos sueños. Hoy lo son nuestros hijos e hijas, los nietos que le suceden y la generación que da el paso al frente, convencida de su protagonismo. También eran jóvenes los que ayer se fueron a Angola y los que en la Patria liquidaron la invasión mercenaria de Playa Girón o en la Crisis de Octubre se hicieron gigantes.

Jóvenes fueron Rubén Martínez Villena y Julio Antonio Mella, Fidel, Raúl, Almeida, José Antonio Echeverría, Frank y Josué País. También Vilma, Celia, Melba. Haydée, Asela y tantas otras muchachas de nuestro devenir histórico. 

Unos y otras, no pensaron jamás, en que podían perder sus hermosas y juveniles existencias y se dieron de lleno a la lucha contra la tiranía de Machado y Batista y luego a la construcción de una sociedad en que hombres y mujeres compartieran igualdades. 

Más atrás en el tiempo, una mulata fogosa y amante de la libertad nombrada Mariana Grajales, sería para su esposo Marcos Maceo y los hijos de este y de su anterior esposo, Justo Regueyferos, bastión y soporte en la forja de la independencia. Muchas otras jóvenes cubanas la secundarían a lo largo de la historia.

Renuevo constante de generaciones, aunque los intereses no siempre sean los mismos y la óptica de sus mundos transiten por caminos diferentes, en el que el respeto siempre ha de ser recíproco e impregnado de la necesaria comprensión para la pujanza de los nuevos y la sabiduría de los que halan años. Así hay que ver la juventud hoy, como el divino tesoro que nos representa.







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