Por Marilys Suárez Moreno
Aunque no vivió la plenitud de sus pasiones, casi siempre destrozadas, Juana Borrero atesoró en su alma y en su figura de virgen triste, el recuerdo de un amor imposible, entre otras motivaciones que la llevaron a expresarse en notables sonetos y óleos, donde su lirismo daba rienda suelta a su genialidad.
Su vida fue fugaz y triste. Amó con amor imposible al poeta Julián del Casal, “Ese elevado sublime”, como ella lo llamó, era visita acostumbrada en la casona capitalina de Puentes Grandes, morada de la familia Borrero, cuyas tertulias y veladas artísticas habituales contaban con la presencia de artistas y literatos de la época con vocación por el arte.

