Por Mariacarla de Guadalupe Quincosa Guerra
A sus 50 años, Anarella García Curbelo habla con naturalidad de lo que le está pasando. No lo vive como una enfermedad, sino como una etapa de cambios que ha aprendido a reconocer y sobrellevar. Desde que comenzó el climaterio, su sueño se volvió fragmentado, aparecieron episodios de fatiga pasajera, "como si estuvieras muy cansada, pero dura diez minutos y se quita solo", y, más recientemente, ha sentido oleadas de calor en el rostro que nada tienen que ver con la presión arterial.
"Me empezó a los 48 años. Estuve ocho meses sin menstruar, luego tuve dos meses con sangrado abundante, y desde junio hasta ahora llevo una nueva pausa", explica Anarella.
Su testimonio es uno entre muchos. En Cuba, como en el resto del mundo, las mujeres transitan el climaterio, el período de transición entre la vida reproductiva y la no reproductiva y la menopausia, el cese definitivo de la menstruación, con experiencias diversas que van desde síntomas leves hasta manifestaciones que afectan la calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa esta etapa entre los 45 y los 55 años, y destaca la importancia de visibilizarla para que las mujeres reciban la información y el acompañamiento adecuados.
Síntomas que invitan a la escucha
Anarella enumera sus síntomas con la tranquilidad de quien ha integrado esta fase como parte de su historia personal. A la fatiga pasajera y los calores faciales se suma una disminución del deseo sexual que no le genera angustia, pero que reconoce con honestidad. "La vida sexual sí disminuye. No tengo sequedad vaginal ni dolor, pero el deseo sí es menor. No sé si es por la edad, por el estrés... pero sí, cómo no", comenta.
Algo similar le ocurre a Yuneixis Peña, sus cambios no fueron abruptos, pero sí notorios en el plano emocional. "Me molestaba con más frecuencia, cosas que antes me parecían normales. Me ponía melancólica en ocasiones y pensaba: '¿cómo pasa esto si yo no soy así?'". Yuneixis no ha tenido sofocos intensos, pero sí esos "golpes de calor" repentinos en la cara que, según explica, la ayudaron a identificar que algo estaba cambiando en su organismo.
En ambos casos, el diálogo con sus entornos más cercanos ha sido clave. Anarella, psicóloga de profesión, conversa sin dificultad con su pareja y amigas. Yuneixis también ha encontrado en su esposo y sus compañeras de trabajo un espacio para compartir la experiencia. "Con mi esposo lo he hablado, porque él notaba cambios. Y con las compañeras de trabajo es igual, porque hay otras que también están en el mismo proceso", cuenta.
Marta Elena, una mujer con una larga trayectoria vital y profesional, ofrece una perspectiva distinta, marcada por el acceso a información y recursos que no siempre están al alcance de todas. Durante años, una amiga que residía en Estados Unidos le enviaba estrógenos conjugados, lo que hizo que su tránsito por la menopausia fuera casi imperceptible. "Me pasé un periodo muy activo sexualmente. Yo no sentí nada", recuerda.
Sin embargo, cuando dejó de tomar la terapia hormonal, notó cambios. "Un día se me fue la menstruación. Fui al ginecólogo y me hicieron un legrado diagnóstico. Todo salió bien, pero después sí pasé un periodo con dificultad sexual. Tenía relaciones, pero era como obligado, el deseo se me fue". Aquella etapa coincidió, además, con momentos de menor irritabilidad que su hija resumió con una frase cariñosa: "Mami, ya tú no peleas".
Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, valora la importancia de hablar con naturalidad del tema. "La menopausia es un proceso normal de la vida. Hay que aprender a vivir con ella y consultar al médico. Porque hay pacientes que dejan de ver la menstruación, tienen vida sexual y pueden quedar embarazadas si no se cuidan. Eso pasa, yo lo he visto", advierte.
La mirada desde la ginecobstetricia
La doctora Bárbara Abraham, especialista en Medicina General Integral y Ginecobstetricia, conoce de cerca estas realidades. En su consulta del policlínico universitario Héroes del Moncada, atiende a mujeres de 17 consultorios y, aunque no existe una consulta especializada en climaterio como en otros tiempos, el tema se aborda a diario.
"En la semana vemos alrededor de cuatro o cinco casos", explica. "Las pacientes vienen por trastornos menstruales, pérdida del apetito sexual, sofocos o sequedad vaginal. A veces tienen el falso concepto de que la menopausia es solo la falta de menstruación por unos meses, y hay que explicarles bien de qué se trata, que es un síndrome más abarcador".
En cuanto a las opciones terapéuticas, la doctora Abraham privilegia un enfoque gradual y de bajo riesgo. "Recomiendo mucho el té de salvia, orientamos sobre la dieta, la incorporación de frutos secos, si está dentro de sus posibilidades, y el uso de lubricantes para las relaciones sexuales.
La terapia hormonal la reservamos para casos muy específicos, como mujeres con menopausia precoz o a las que se les han extirpado los ovarios, y siempre evaluando los antecedentes personales, porque está contraindicada en pacientes con cáncer de mama o útero".
La especialista reconoce que, aunque el tema ha dejado de ser tabú en muchos espacios, todavía persisten resistencias. "A algunas mujeres les da pena hablar de sexualidad en la consulta.
Por eso es importante que ellas mismas se reconozcan como mujeres y entiendan que esto es una etapa más de la vida, no una enfermedad. Sería bueno tener más materiales informativos en los consultorios, como los que hay sobre lactancia materna o enfermedades crónicas, para que la mujer se familiarice con el tema mientras espera su turno".
El acompañamiento psicológico: una asignatura pendiente
Para Melissa Castaño, licenciada en Psicología, la menopausia no puede entenderse solo desde lo biológico. "Hay una disminución de estrógeno que trae consecuencias físicas: menos sensibilidad, menos lubricación, menor energía, tendencia a acumular grasa. Y eso impacta en la autoestima y en la regulación emocional", explica.
Desde su práctica, Melissa observa que muchas mujeres necesitan un espacio para procesar estos cambios. "Lo más útil suele ser la terapia cognitivo-conductual, enfocada en reestructurar la autoestima y las creencias sobre la imagen corporal. También el trabajo en pareja es fundamental, para redirigir la forma de vivir la sexualidad hacia una conexión más emocional y menos centrada en lo puramente físico".
Recuerda el caso de una mujer de 52 años, casada, cuyo deseo sexual disminuyó gradualmente. Su pareja no lograba entenderlo. A través de sesiones individuales y de pareja, fueron descubriendo que el problema no era la falta de amor, sino las creencias negativas que ella había construido sobre su cuerpo y esta etapa.
"Comenzamos con ejercicios de mindfulness, de atención plena, para que aprendiera a conectarse con el presente sin juzgarse. Poco a poco fue reconociendo su nuevo cuerpo desde una mirada más amable y pudo reconectar con el placer desde otro lugar".
La familia y la información: pilares para un tránsito más amable
Un denominador común en todos los testimonios es la importancia del entorno. Anarella, desde su formación en psicología, lo expresa con claridad: "No es solo enseñar a la mujer.
La familia también tiene que recibir orientación. A veces tienes cambios de carácter, te sientes mal, y es importante que los esposos entiendan que no es que se haya acabado el amor ni el deseo, es que las hormonas no te lo permiten".
Yuneixis, por su parte, pide que se hable más del tema en espacios cotidianos. "A veces una piensa que está estresada por la situación que vive, y no se da cuenta de que es el propio cuerpo el que está dando señales. Si se hablara más, una llegaría con más herramientas".
La doctora Abraham coincide en que la información es la base para desmentir mitos. "Muchas mujeres, cuando dejan de menstruar, vienen pensando que pueden estar embarazadas. Cuando les explicamos que es el climaterio, a veces lo niegan, porque para algunas representa la idea de volverse 'mayores' o perder algo. Hay que ayudarles a verlo como lo que es: una transición, no un final".
Marta Elena, fiel a su estilo directo, lo resume en una frase: "Hay que sufrir, sí, porque las hormonas son así. Pero también hay que consultar, informarse y vivir".
Hacia una mirada más integral
Ninguna de las mujeres entrevistadas considera que haya sido discriminada por su edad o por los cambios propios del climaterio.
Tampoco sienten que sea un tema que deba abordarse desde la queja. Más bien, desde la necesidad de que se hable más, de que se normalice y de que las familias también puedan comprender lo que implica esta etapa.
La doctora Abraham, que ha impartido charlas comunitarias sobre el tema con buena acogida, cree que el camino está en retomar aquellos espacios de intercambio que funcionaron en el pasado. "Di una conferencia en un consultorio para mujeres que estaban en el climaterio y fue muy bien, hubo muchas dudas que se aclararon. Sería bueno retomarlo".
Mientras tanto, mujeres como Anarella, Yuneixis y Marta Elena siguen adelante, con la convicción de que esta etapa, como cualquier otra, se transita mejor cuando se conoce, se comparte y se vive sin prejuicios. "Yo lo llevo con paciencia, con mucha paciencia", dice Anarella. Y esa paciencia, acompañada de información y apoyo, puede ser la mejor aliada.

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