lunes, 23 de marzo de 2026

En Aeropuerto Viejo, las mujeres dicen No más a la violencia de género



Por Lianne Garbey Bicet y Lirians Gordillo

“De llegar al encuentro como si fueran alumnas esperando una clase se han convertido en arquitectas de las soluciones que quieren para su comunidad”, adelanta Yenys Mariuska Milanés Céspedes, educadora popular, que acompaña a un grupo de mujeres de la comunidad Aeropuerto Viejo, en el municipio de Bayamo.

En esta comunidad de la provincia Granma, atravesada por carencias materiales y violencias machistas naturalizadas, el grupo de mujeres demuestra que las soluciones pasan por articular respuestas desde la vida cotidiana, con los pies en el barrio y la mirada puesta en la transformación.

Mujeres conversó con Yenys Mariuska Milanés Céspedes sobre esta experiencia que forma parte del proyecto No Más: prevención y respuesta a la violencia de género contra las mujeres en Cuba.

El proyecto lo coordinan la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Editorial de la Mujer, la asociación italiana COSPE, el Centro Martin Luther King, el Grupo Galfisa del Instituto de Filosofía y la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), con el apoyo de la Unión Europea en Cuba.


Desde 2024 No Más desarrolla acciones en los municipios Plaza de la Revolución y Mariano— en La Habana—, el municipio Las Tunas, Bayamo, en la provincia Granma, los municipios Guantánamo y El Salvador en el extremo suroriental de la isla. 

Con una vasta experiencia en la Educación Popular (EP), para Yenys, el trabajo con las mujeres es parte de la solución frente a las violencias machistas “no toda, pero es una parte muy importante”, pues permite mirar las raíces del problema, escuchar las historias de vida y apoyar los aprendizajes compartidos desde la diversidad.   

Las habitantes de Aeropuerto Viejo no forman un grupo homogéneo, son mujeres diversas. Algunas de ellas son estudiantes, otras son artesanas, profesionales, mujeres que trabajan día a día en sus hogares, adultas mayores, adolescentes, etc. La mayoría ya se conoce por el trabajo que desde hace algunos años realiza la Red de Educadoras y Educadores Populares en la comunidad.

“Algunas han venido desde otros barrios; se enteraron del proyecto, de la convocatoria para el taller y se sumaron. Son mujeres muy activas, con mucho compromiso por el trabajo comunitario”, dice Yenys.

Esa variedad de edades, oficios y trayectorias personales atraviesa el trabajo que realizan, enriquece los debates y multiplica los puntos de vista desde los que piensan la violencia y las posibles respuestas.  


Ubicada en una zona rural del municipio de Bayamo, Aeropuerto Viejo es una comunidad atravesada por retos cotidianos. 


“En el diagnóstico que se hizo a través de la Red de Educadoras y Educadores Populares se identificaron dificultades con el abasto de agua, con el acceso a ciertos servicios y una propuesta cultural muy pobre para las personas que viven ahí. A eso se suman problemas de violencia en la comunidad y poco protagonismo de las organizaciones de masas”, relata la educadora popular. 

Lejos de asumir ese panorama como un destino inevitable, el grupo se ha propuesto intervenir.

“Estamos enfocadas en tratar de mitigar toda esa situación, en revertirla, en aunar esfuerzos, sobre todo desde una posición participativa y de articulación. Allí viven vecinas que cosen, siembran y organizan actividades que sostienen día a día la vida comunitaria”, explica.  

En este contexto, el taller funciona como un laboratorio de reflexión y acción frente a las violencias machistas. Lo que al inicio se vivía como “la clase de la profe” se ha transformado en algo distinto.


 

El cambio es también relacional: “Hemos pasado a decirnos compañeras, hermanas, amigas; se ha tejido una red que sostiene”, cuenta emocionada. Sentarse en círculo marca un antes y un después, en ese momento “entendemos que nos encontramos en un espacio seguro, que podemos decir lo que pensamos y lo que sentimos sin ser juzgadas”.

Yenys también se reubica en ese espacio, más allá de su rol de acompañamiento: “No es la profe que viene a dar clase, sino la facilitadora de un proceso. Con ellas también voy creciendo, voy aprendiendo y sanando”.  

Los talleres han seguido una metodología de trabajo construida en colectivo por mujeres de los distintos territorios en los que se encuentra No Más. A través de ocho encuentros las mujeres se acercan a las violencias, conectan con recursos que les permiten identificarlas en sus escenarios más cercanos, identifican necesidades y temas que les interesa abordar, establecen prioridades y diseñan un plan de acción comunitario como respuesta a las violencias de género.

Además del grupo de mujeres de Aeropuerto Viejo, otros realizan procesos similares en los municipios donde se desarrolla el proyecto No Más: El Salvador y Guantánamo, Las Tunas, Plaza de la Revolución,  Marianao y en La Habana.

Según nos explica Yenys desde la metodología creada, las mujeres quieren ser protagonistas del cambio: “Han podido hacer un diagnóstico y darse cuenta de cuáles son las necesidades concretas que tienen y cuáles son los caminos para transformar esa realidad o al menos intentarlo, con valentía y sororidad”, resume.  

Entre las propuestas que han emergido, una ocupa un lugar central: el trabajo con el consultorio médico. 

“Ellas han identificado el protocolo de actuación de los profesionales de salud como un punto clave en las acciones de prevención de la violencia. Quieren que los profesionales que están ahí sepan qué hacer en caso de que vaya una persona a denunciar, a buscar ayuda; que puedan ser parte activa de la solución y puedan identificar las señales de alarma cuando asiste una mujer de la comunidad al consultorio. Es realmente hermoso ver el trabajo que se va formando”, detalla.

A las alianzas y acciones comunitarias se suma otro hallazgo cada vez más frecuente. Las mujeres reconocen la autonomía económica como un elemento central para prevenir el maltrato por motivos de género.

De ahí nace una idea como parte del plan de acción, que la entrevistada califica de interesantísima: la creación de un taller de corte y costura. “No solo sería para reparar ropa, sino para reparar almas también y corazones”, dice. Ese espacio, tal como lo imaginan, debería servir para “buscar independencia económica, para buscar autonomía, para buscar liderazgo, para sanar”.  

Las redes que se tejen no se limitan al interior del grupo. “Me parece muy interesante como propuesta del grupo no aislarse, sino trabajar teniendo alianzas estratégicas fuertes”, apunta. Por eso, las mujeres han planteado “reactivar todas las organizaciones de masas, que haya más protagonismo, que sepan qué hacer no solo para prevenir la violencia de género, sino también cómo acompañar a las mujeres y posibles víctimas”.  

Entre las ideas que la entusiasman nos cuenta que: “quieren romper el silencio, decirle al mundo quiénes son, qué hacen. Quieren ir a trabajar con otras mujeres en otras comunidades, hablar en la radio, que se escuche su voz, que se escuche qué tienen que decir”.

Acompañar a mujeres, principios que vinculan conocimiento y alma.

El relato de esta facilitadora y educadora popular deja ver con claridad principios que sostienen el proceso. “En el trabajo con grupos de mujeres considero que la empatía es un principio fundamental, primordial”, afirma. Junto a ella, el respeto: “Es muy importante el respeto a esa vida, a la historia, a los aprendizajes, a la voz que están teniendo”.

Y, como hilo que lo atraviesa todo, la sororidad: “La sororidad es esa que te permite tener un espacio seguro donde sabes que a lo mejor van a llorar, a reír y todo se queda ahí con confidencialidad”.  

La educación popular es otro pilar que asume la metodología de trabajo de No Más en los grupos de mujeres. Yenys apunta que la EP pone como protagonistas a las personas y nos coloca en una comunicación horizontal. “No se dan clases, se aprende haciendo un taller, se colocan aprendizajes, se llegan a conclusiones, se facilita un proceso”, explica.

Hay, además, una ética del acompañamiento: “Estás acompañando un proceso. Por eso no se debe forzar nada. Ellas tienen todo el potencial, solo vamos a facilitar que se exprese”, dice. Y añade una advertencia: “No creernos que lo sabemos todo, por eso es vital llegar con humildad, abrir nuestros corazones y nuestras mentes. El grupo también te acompaña, te enseña, tú creces con el grupo y como mujer junto a ellas voy sanando mis heridas”.  

El trabajo del grupo de mujeres en Aeropuerto Viejo puede verse como un abrazo, un lazo que forma parte de un trenzado mayor. Por eso volvemos a la imagen que da inicio a esta entrevista. No se trata de mujeres que esperan, sino de mujeres que construyen juntas. Esa escena condensa la apuesta del proyecto No Más y de la educación popular feminista en Cuba: que las mujeres no solo sean acompañadas, sino que se sepan protagonistas de las respuestas frente a las violencias machistas.

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