Por Lianne Garbey Bicet
La reciente presentación en La Habana de un informe de la Unesco sobre la respuesta a desastres en el sector cultural cubano abre una reflexión urgente sobre la protección del patrimonio y, con él, la vida cotidiana de las comunidades y de las mujeres que lo sostienen silenciosamente.
El informe, «Evaluación de necesidades postdesastre para el sector cultural en Cuba y la integración de la cultura y el patrimonio en la gestión del riesgo y la adaptación al cambio climático», se presentó en el Hotel Nacional de Cuba como un marco estratégico para fortalecer la resiliencia de la cultura frente a estos retos.
Más allá de los datos técnicos, el documento dibuja un mapa de vulnerabilidades y oportunidades en un país donde los huracanes, los sismos y el cambio climático atraviesan la estructura de los barrios, los museos, los archivos y también los cuidados, la memoria familiar y las redes de apoyo que suelen tener rostro de mujer.
Durante la presentación, la directora de la Oficina Regional de la Unesco en La Habana, Anne Lemaistre, destacó la sinergia lograda con las instituciones nacionales en el levantamiento de información y en la construcción conjunta de recomendaciones prácticas.
Subrayó la importancia de fomentar la prevención, promover acciones anticipatorias y asegurar el preposicionamiento de ayuda para responder de manera más rápida y eficiente ante futuros eventos extremos.
Por la parte cubana, la presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, Sonia Pérez Mojena, llamó la atención sobre la urgencia de reforzar la prevención y la conservación en los museos y otras instituciones patrimoniales.
Planteó la necesidad de revisar y actualizar los planes de prevención y respuesta de cada entidad, no solo ante desastres naturales, sino también pensando en escenarios de conflicto, a la luz de la agresividad de la política estadounidense hacia Cuba.
Entre los avances, el texto reconoce que, gracias al trabajo conjunto de la Unesco, los socios de la cooperación internacional y las autoridades nacionales, Cuba dispone hoy de una línea base técnica validada para el sector cultural en las zonas afectadas.
De esta manera, el estudio se convierte en una herramienta clave para orientar la toma de decisiones, jerarquizar inversiones y sustentar la búsqueda de financiamiento, tanto a escala nacional como a través de la cooperación internacional.
El Fondo de Emergencia para el Patrimonio (Heritage Emergency Fund, HEF) aportó el financiamiento inicial que permitió establecer la base metodológica, técnica e institucional del proceso, realizar evaluaciones de campo y fortalecer capacidades locales.
Sin embargo, el propio documento advierte que la magnitud de los daños y de las necesidades de recuperación rebasa con creces ese apoyo inicial y demanda la movilización de nuevos recursos y alianzas.
Con la presentación de este documento, se avanza en la articulación de instrumentos que pueden reforzar la capacidad del país para cuidar su patrimonio frente a los embates del clima y otros riesgos.
El desafío ahora es transformar las recomendaciones en acciones concretas, con presupuestos, cronogramas y responsables definidos y garantizar que la mirada de género atraviese esos procesos.
En un país donde la cultura ha sido escudo y espada de la nación, apostar por su resiliencia significa también reconocer y acompañar a las mujeres que, desde múltiples espacios, sostienen día a día la memoria, la creación y la vida comunitaria.

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