Idania Perea León es conductora de Ómnibus Nacionales y actualmente pertenece a la base de Vía Azul, un ramal de la empresa. Llegó hasta allí siguiendo una vocación que la acompañó desde niña: siempre sintió un profundo interés por manejar, una inclinación que la impulsó a abrirse camino pese a los contratiempos que enfrentó como mujer en un oficio tradicionalmente masculino.
A los 29 años logró incorporarse a la empresa Sucarrera, en Artemisa, en la base Lincoln, como chófer profesional. Comenzó manejando carros ligeros. Aunque ya contaba con todas sus licencias, sabía que necesitaba perfeccionarse. Luego vinieron los camiones, las jornadas tirando caña y, finalmente, los ómnibus del central, donde transportaba al personal. Cuando el central se detuvo, fue recomendada para la base de Artemisa, en el servicio urbano, donde manejó durante años. Entre el batey y el central fue creciendo como profesional.
Más tarde recibió una propuesta para incorporarse a Ómnibus Nacionales. La aceptó sin dudarlo y ya acumula nueve años en ese puesto, trabajando con la mayor dedicación. Para ella es un trabajo hermoso, aunque exigente, pero está convencida de que las mujeres pueden desempeñarlo plenamente. Siempre están ahí.
Uno de los principales retos de trabajar en un entorno mayoritariamente masculino es la convivencia: compartir habitaciones, realizar viajes de 16, 17, 20 o hasta 22 horas por todas las provincias, adaptarse a los compañeros y que ellos se adapten a una mujer en el equipo. Es un desafío, sí, pero alcanzable. Idania lo ha logrado durante nueve años, al igual que muchas otras mujeres.
Hace un año y medio se incorporó a su base una compañera de Holguín, también chófer de Ómnibus Nacionales. Se llama Ilma. Idania la considera una excelente profesional y siente un gran orgullo por ella. Desea que más mujeres se sumen, porque aunque el trabajo es duro, el amor por la profesión siempre pesa más.
Reconoce que el machismo existe en todo el mundo. Siempre habrá quien discrimine: si una mujer lo hace mal, por hacerlo mal; si lo hace bien, por hacerlo bien. Sin embargo, también ha encontrado muchos compañeros y amigos que la han apoyado en su camino. Y destaca el acompañamiento constante de la Federación de Mujeres Cubanas, siempre atenta a las trabajadoras, especialmente en oficios donde el machismo y el “qué dirán” intentan frenar a las mujeres.
A todas ellas les envía un mensaje: que no tengan miedo. Que no teman al machismo ni a las opiniones ajenas. En Cuba hay carpinteras, operadoras de máquinas de tren, linieras, chóferes de ómnibus en todos los niveles. Son muchas, y pueden ser más.
Las exhorta a dar ese paso adelante, a superar el miedo. Porque las mujeres cubanas no se dejan derrotar.
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