Por Marilys Suárez Moreno
Desde el nacimiento hasta los seis o siete años de edad se estructuran las bases de las particularidades físicas y formaciones psicológicas de la personalidad infantil que, en las sucesivas etapas del crecimiento, se consolidan y perfeccionan.
Así, tan pronto se siente capaz, quiere valerse por sí mismo, vestirse, comer solo, etc. Si los abuelos, tíos u otros familiares se lo hacen todo, anulan sus posibilidades y le impiden satisfacer su necesidad de independencia. Llegará el día en que se acostumbre a adoptar una posición pasiva y a darle la espalda a los problemas que se le puedan presentar.
Por otra parte, si la pareja tiene en los abuelos unos aliados en la crianza y educación, no es cosa de desperdiciar, sino de aprovechar esas experiencias y la solicitud que les brindan.
Escuchar sus consejos e ideas, discutirlas, no como resoluciones ya tomadas, sino como sugerencias que pueden ser asumidas o descartadas por sus hijos, según lo entiendan, resulta importante.
El poder de lo vivido es lo que hace que el conocimiento y los recuerdos de los adultos mayores sirvan de apoyo. Más, algunos padres se quejan de que los abuelos, en lugar de ayudar, entorpecen y malcrían al menor, lo que a la larga puede resultarle perjudicial para su desarrollo social.
Cuando esto ocurra, lo correcto es hacérselo saber en privado, sin herir sus sentimientos, nunca delante del niño o niña. Se les puede explicar que si viven rodeados de personas que lo complacen y resguardan, se corre el riesgo de aislarlo en un medio que, si bien por el momento le proporciona placer, a la larga lo convertirá en un inadaptado y dependiente, incapaz de resolver por sí solo ni sus más elementales necesidades.
El infante sobreprotegido se sentirá desolado lejos de los seres queridos y dependerá de otros a la hora de hacer frente a los problemas que se le presenten en la vida.
Abuelas y abuelos son el vínculo vital en la continuidad familiar. Ellos pueden trasmitirles a sus nietos tradiciones familiares, consejos sanos y expectativas, además, de cariño y cuidados. Nuestra cultura y nuestros valores se divulgan con frecuencia más por la conducta de estos que por los padres, pues el papel de los últimos está lleno de los rigores de la cotidianidad.
Aprender a ser madre y padre es ejercitarse de los errores, no de los aciertos. La infancia que tiene el lujo de poder relacionarse con su entorno familiar, aparecen con ventajas en todos los estudios sobre desarrollo infantil.
Un eminente pediatra dijo que un nieto es un milagro, pero una nueva relación con nuestros propios hijos es un milagro todavía mayor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario