Por Marilys Zayas Shuman
La historia constitucional de Cuba refleja la evolución de su proyecto político y social. Dos textos marcan hitos en la etapa contemporánea: la Constitución de 1976 y la de 2019. Ambas fueron aprobadas en fechas cargadas de simbolismo, que enlazan la tradición independentista con la continuidad del socialismo.
La Constitución de 1976 fue la primera de carácter socialista en el hemisferio occidental. Se aprobó en referendo el 15 de febrero de ese año, con una participación masiva, y se proclamó el 24 de febrero, aniversario del reinicio de la Guerra de Independencia de 1895. Esa coincidencia buscó subrayar la continuidad entre la gesta independentista y la Revolución triunfante de 1959.
El texto significó la institucionalización del socialismo en Cuba: definió al Estado como socialista, estableció la Asamblea Nacional del Poder Popular como órgano supremo y garantizó derechos sociales fundamentales como la educación y la salud gratuitas. En palabras de Fidel Castro, se trataba de que la nueva carta magna fuera “no una constitución formal sino de fondo y de forma, que responda a las realidades y que sea expresión jurídica del pensamiento revolucionario”.
Cuarenta y tres años después, Cuba volvió a las urnas para aprobar una nueva constitución. El 24 de febrero de 2019, fecha que evocaba nuevamente la tradición independentista, la ciudadanía respaldó el texto con amplia mayoría. La proclamación se realizó el 10 de abril, aniversario de la Constitución de Guáimaro de 1869, primer intento republicano de los mambises. El mensaje era claro: continuidad histórica y renovación política.
La Constitución de 2019 ratificó la irreversibilidad del socialismo, pero introdujo cambios sustanciales. Reconoció nuevas formas de propiedad, incluida la privada, amplió el catálogo de derechos al incorporar garantías procesales como la presunción de inocencia y el derecho a la defensa, además de la protección ambiental y el acceso a la información.
En la estructura del Estado, separó funciones ejecutivas y legislativas al crear las figuras del Presidente de la República y del Primer Ministro. Durante los debates previos, se insistió en que el nuevo texto debía reflejar las transformaciones sociales y responder a las demandas contemporáneas: “Esta nueva carta magna mantiene contenidos y esencias anteriores, pero responde a una situación social diferente”, se afirmó en la Asamblea Nacional.
El aporte al empoderamiento femenino
Ambas constituciones tuvieron un impacto directo en el empoderamiento de las cubanas. La de 1976 legitimó la igualdad formal y abrió camino a políticas de incorporación masiva al trabajo y la educación, fortaleciendo la acción de la Federación de Mujeres Cubanas y garantizando que las mujeres ocuparan cargos en las asambleas locales y nacionales. Fue la base jurídica que consolidó su presencia en la vida pública y profesional.
La de 2019, por su parte, amplió las garantías legales y sociales, fortaleciendo la capacidad de las mujeres para enfrentar la discriminación. Reconoció la diversidad familiar, abrió debates sobre igualdad de género y nuevas formas de convivencia, y consolidó la visibilidad femenina en cargos de liderazgo en un contexto más complejo y globalizado. En conjunto, ambas constituciones muestran cómo el marco jurídico ha acompañado y potenciado el protagonismo de las cubanas en la construcción del país.
La comparación entre ambos textos revela dos momentos distintos del socialismo cubano. La Constitución de 1976 fue la de la institucionalización, la que dio forma jurídica a la Revolución y aseguró derechos sociales básicos. La de 2019 fue la de la actualización, la que buscó modernizar el modelo frente a los desafíos económicos, sociales y tecnológicos del siglo XXI. Ambas se aprobaron en fechas que evocan la memoria nacional, recordatorios de que la historia constitucional de Cuba está íntimamente ligada a sus luchas de independencia y a la participación activa de las mujeres.
En definitiva, las constituciones de 1976 y 2019 son más que textos legales: son espejos de su tiempo. El futuro constitucional de Cuba, inevitablemente, seguirá escribiéndose con ellas en el centro de la historia.

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