viernes, 22 de agosto de 2025

Cuba: resistencias cotidianas frente al bloqueo y la guerra simbólica

Elpidia Moreno, coordinadora nacional del capítulo cubano de la Marcha Mundial de las Mujeres


Por Marilys Zayas Shuman

En el Encuentro Regional de la Marcha Mundial de las Mujeres que se celebra en  Chiapas, México, la delegación cubana  comparte diagnósticos,  ofrece claves éticas y políticas para sostener la vida en condiciones extremas. En medio de un bloqueo prolongado, una crisis económica global y una ofensiva comunicacional que busca desacreditar sus procesos, las mujeres organizadas en Cuba siguen construyendo alternativas desde los territorios.

La palabra resistencia en Cuba no es consigna: es práctica cotidiana. La delegación encabezada por Elpidia Moreno, coordinadora nacional del capítulo cubano de la Marcha Mundial de las Mujeres  relataron como, frente a la escasez de recursos, la precarización de servicios y la presión internacional, han desarrollado formas de organización comunitaria. 

Círculos de mujeres, brigadas de solidaridad, redes de economía popular y espacios de formación política son parte de una arquitectura feminista que sostiene la vida desde abajo.

Uno de los ejes más importantes fue la apuesta por una paz con dignidad y soberanía. En un contexto donde la guerra no se expresa en bombardeos, sino en sanciones, bloqueos y campañas de desinformación, las feministas cubanas reivindican el derecho a vivir sin intervención, sin tutelaje y sin violencia estructural. “La paz no es silencio, es soberanía”, afirmó Moreno.

También se destacó el uso estratégico de las redes sociales y medios alternativos para contrarrestar la guerra que se desata desde el ciber estacio. Las participantes han impulsado campañas de comunicación que visibilizan las múltiples formas de agresión que enfrentan los pueblos, y que denuncian la militarización encubierta de los territorios por parte de actores privados y transnacionales.

En el campo de la economía feminista, la mayor de las Antillas aporta una experiencia singular.  Las cubanas han sostenido redes de intercambio, producción comunitaria y cuidado colectivo que desafían la lógica del mercado. Estas prácticas no solo garantizan la subsistencia: reafirman una ética del cuidado, la reciprocidad y la autonomía.

La delegación cubana también insistió en la necesidad de activar la solidaridad internacional. Frente a la criminalización de sus procesos, el aislamiento diplomático y la guerra mediática, las feministas de la región tienen el desafío de acompañar, amplificar y defender las luchas cubanas como parte de una agenda común por la soberanía de los pueblos.

Cuba, en este encuentro, no es solo testimonio: es brújula. Sus experiencias, estrategias y firmeza política ofrecen claves para pensar la resistencia en tiempos de colapso porque en cada barrio, en cada red, en cada gesto de cuidado, las mujeres cubanas están sosteniendo mucho más que la vida: están sosteniendo la dignidad.

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