domingo, 11 de mayo de 2025

El más eterno de los amores


Por Marilys Suárez Moreno

Este segundo domingo de mayo tiene la belleza de las flores y de lo que ellas representan, las madres. Imposible pasar por alto una fecha tan señalada como el Día de las Madres sin rendir homenaje o merecido tributo de recordación a la mujer que nos dio la vida, cuidó y educó sin pedir retribución alguna, solo un beso, un abrazo o un “te quiero, mamá”.

No importa qué oficio o profesión tenga o realizara durante su vida laboral activa. Ama de casa, campesina, estudiante o trabajadora, científica, médica, periodista o la más empoderada de las mujeres. Todas, cuando son tocadas por el don de la maternidad, dejan de ser ellas para convertirse en las más abnegadas mamis para sus hijos e hijas.

Ellas, nuestras madres, son el pilar que sostienen nuestras vidas y aun cuando ya no están físicamente, nos siguen acompañando y su recuerdo es impulso y paliativo para continuar adelante, como ellas querrían.

Ninguna mujer nace siendo madre ni cuenta con manuales ni recetas propias para emprender el dulce pero difícil y largo camino de la materidad.

Sabias, intuitivas e incondicionales para guiar, amar y proteger a su descendencia, el amor de madre es infinito y sus brazos los más protectores y dispuestos a cobijarnos, sin importar tiempo ni edad, solo están ahí como guardianes y salvaguarda de sus hijas e hijos, porque su amor todo lo puede.

Es verdad irrebatible que la maternidad cambia la vida de la mujer para convertirse en niñera y educadora, pues sabe que la formación de los hijos e hijas, su cuidado y atención deviene afán prioritario de su existencia, y cada día de muchas viene aprendizaje y pasión que no se acaba. Madres por sus partos o vocación natural, que las hay y, lo saben.

Ecuánime, pero sólida en sus exigencias y férrea en la adversidad, mamá sabrá darle siempre al hijo o hija la respuesta inteligente que esperan de ella sus pequeños que, una vez que crezcan, entenderán mejor sus muchos e infinitos desvelos. Y ¿qué mejor pago que la confianza de sus hijos, su respeto y admiración eterna?

Fuentes de amor, las madres nuestras, se crecen y hacen malabares con tal de que sus retoños no sientan las carencias y complejidades del día a día y desde la calidez de sus ojos y lo profundo de sus corazones, alumbran de felicidad, con la incertidumbre, que irrumpe en los senderos de la vida materna.

Protagonistas de lo cotidiano, de miedos y aciertos, goces y sueños, ellas son eso: Madres y todo lo bello que esa palabra única representa. Les dedicamos esta jornada de besos y regalos; visitas y abrazos postergados, de glorias y cotidianidades, como son todos sus días, porque las madres son y siempre serán, esa luz diáfana que alumbra nuestro camino y el más eterno de los amores.

A ellas, las que ya no están, las que se estrenan en la maternidad y se crecen en sus avatares, las que las arrugas de la vida les surcan el rostro, nuestro recuerdo, respeto y amor incondicionales.

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