Escribimos estas líneas con el corazón cerca del suyo, porque en cada paso que han dado ustedes, nosotras las hemos mirado con amor, orgullo y admiración, como solo se miran las hermanas que se aman. Desde aquel amanecer de 1959, cuando decidieron que la patria no sería libre si las mujeres seguíamos encadenadas, hasta hoy, han tejido con sus manos, sus sueños y su coraje una historia que nos llena de fuerza y de valentía a todas las mujeres del sur global.
A ustedes, hermanas, compañeras de lucha, mujeres cubanas, con quienes compartimos sus vidas cotidianas, sufrimos sus pesares y angustias, y también celebramos sus alegrías. Hoy, más que nunca, estamos de frente con ustedes; vivimos sus carencias, su dolor y su impotencia ante la despiadada crueldad del imperio depredador que intenta subyugarnos mediante medidas inhumanas que constituyen crímenes de lesa humanidad.
