Por Marilys Suárez Moreno
Político, escritor, compositor, diputado desde la primera legislatura y presidente de la Asociación de Combatientes de Cuba, entre tantos títulos, cargos y responsabilidades que asumió, el comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, una figura relevante en toda la lucha revolucionaria y en la posterior, tras la victoria de enero. Pero fue también un hombre de pueblo, campechano, alegre, amigo, padre y esposo y revolucionario hasta el fin de sus días.
Su nombre es sinónimo de sencillez, cariño y humildad. Juan Almeida Bosque era un cubano de humildísima cuna que, de albañil, devino revolucionario ejemplar. Fidel supo siempre que Almeida cumpliría cualquier misión que se le encomendase, como lo hizo en el Moncada, la prisión, el exilio, el Granma y en las semanas que siguieron al doloroso revés de Alegría de Pio.
