Por Marilys Suárez Moreno
Para Ana Betancourt, la mujer que con coraje libertador alzó su voz en Guáimaro para reclamar los derechos de la mujer, la Revolución erigió un mausoleo trabajado en piedra de jaimanita, material que junto al bronce, dan perpetuidad al monolito de la insigne cubana, justamente en el sitio donde su nombre entró en la historia.
Tuve el privilegio de cubrir periodísticamente el arribo a Guáimaro de las cenizas de Ana Betancourt de Mora, que llegaron a Cuba el 26 de septiembre de l968 a escasos días de la conmemoración del centenario del grito de Independencia en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868.
El pueblo entero esperaba impaciente el gran acontecimiento en medio de un intenso calor humano y ambiental, pues los termómetros subieron ese día algunos grados más que de costumbre, al menos, así lo sentí yo, designada por la Revista Mujeres para cubrir el suceso, que tenía ribetes de patriótico entusiasmo popular. Creo que todo Guáimaro en representación de Camagüey y toda Cuba, esperaba anhelante los restos de la insigne camagüeyana desde el Cementerio Sacramental de San Justo en Madrid.
Una iniciativa de Celia Sánchez Manduley, una mujer que al igual que Ana cambio la paz hogareña por la lucha libertaria y promovió el traslado de sus restos a suelo cubano.
El mausoleo se construyó a a propósito del 150 aniversario del natalicio de la patriota camagüeyana y luego de recibir los honores correspondientes en la base del Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, sus cenizas fueron llevadas allí.
Una columna de 12 metros de altura, símbolo de la rectitud de su lucha se eleva al cielo, mientras los blancos pétalos semiabiertos de una gran flor expresaban la feminidad que caracterizó a la patriota.
Un tronco piramidal de base cuadrada, compuesta por dos escalinatas para el ascenso y bajada del público se adentra en su recinto interior en una de cuyas paredes está el nicho mortuorio que desde entonces acoge las cenizas de la precursora de los derechos femeninos en Cuba.
En la parte superior del Mausoleo figura la efigie de Ana Betancourt y las fechas de su nacimiento y muerte, así como las palabras pronunciadas por Ana en improvisado mitin durante la Asamblea Constituyente de Guáimaro, el 14 de abril de 1869, cuando los representantes de Camagüey, Oriente y Las Villas unieron sus esfuerzos independentistas contra el colonialismo español, son visibles en la parte superior de la obra monumentaria, de gran belleza
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