María Josefa Vidaurreta del Cañal, la esposa de Juan Marinello Vidaurreta, una de las figuras intelectuales más relevantes de su época, tejió junto a su compañero de vida y luchas, una apasionante historia de amor y entrega a la causa revolucionaria.
Juan Marinello Vidaurreta se destacó, asimismo, como crítico, maestro y hombre público, además de ser un reconocido luchador comunista. La pareja fue pilar fundamental en el campo de la cultura y de la vanguardia intelectual cubana del pasado siglo.
Sencillo e inteligente, Marinello fue uno de los más activos promotores de las luchas llevadas a cabo en el país durante los convulsos años 30 del siglo XX, destacándose, en los ámbitos universitarios. El vórtice de esos años señaló el camino certero de Pepilla y Juan.
Presente en la vanguardia intelectual cubana, Marinello no solo tuvo una trayectoria revolucionaria combativa, sino que, como intelectual, ocupó importantes cargos en organismos internacionales y fue vicepresidente ejecutivo de la UNESCO.
Además, representó al Movimiento Cubano por la Paz en eventos internacionales. Como embajador y delegado tomó parte en conferencias generales de esa entidad de las Naciones Unidas.
Pepilla, al igual que él era oriunda de la hoy provincia de Villa Clara, donde pertenecieron a una familia de la burguesía provinciana. No solo estaban unidos por el amor y sus ideales, lazos familiares los ataban, eran primos y desde niños andaban juntos.
Pepilla era una joven culta y de nobles principios. Sentía pasión por la música y tenía una bella voz de soprano. Había estudiado magisterio y obtuvo la cátedra de Música, por oposición en la Escuela Normal de Santa Clara. Creció junto a él, prendados uno del otro, casándose en 1927.
Marinello tuvo una participación destacada en la famosa Protesta de los Trece, organizada por Rubén Martínez Villena por la ilegal y espuria compra del Convento de Santa Clara.
También participó con su esposa en innumerables actos, marchas y actividades revolucionarias, destacándose ambos por sus preocupaciones y anhelos en medio de una república mediatizada en constante ebullición cívica.
Por su militancia comunista sufrieron persecución, cárcel y exilio y también prisión, sin que nada los amilanara ni variara un ápice la actitud revolucionaria relevante y sostenida de los esposos.
Al triunfo de la Revolución ambos ostentaron responsabilidades públicas y diplomáticas.
María Villar Buceta, maestra y ejemplar comunista, en respuesta a una pregunta formulada por la no menos destacada periodista y escritora radial Iris Dávila, de quien tomé referencias para este trabajo, expresó:
“¿Habría Juan Marinello, alcanzado esa plenitud de expresión, esa totalidad de realizaciones de su quehacer de gran hombre, como poeta, ensayista y militante revolucionario, si en su azarosa ruta no hubiera contado con la asistencia de una compañera de vida y obra tan extraordinaria como Pepilla Vidaurreta?”.
Y el propio hombre de letras y comunista diría: “Todo lo que he sido lo debo principalmente a dos mujeres de virtudes y cualidades nada frecuentes. A Herminia Martínez, la mujer negra que sustituye a los dos años de vida a mi madre muerta y a Pepilla Vidaurreta.
En ambas, tan distintas y tan semejantes, encontré una comprensión plena, una devoción sin límites y una preocupación delicada y vigilante porque cumpliera al máximo los deberes que me impuse. Sin transigencias individuales había en las dos un apoyo irrestricto, que contribuyó decididamente a la fuerza de mis convicciones y al cumplimiento de mis tareas revolucionarias e intelectuales”.

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