Por Marilys Suárez Moreno
Muchas madres y padres se quejan porque sus infantes muestran demasiada intranquilad para sus deseos y se les hace difícil entender porqué despliegan tanta impetuosidad en cada uno de sus actos. Y lo que es peor, según dicen, es que al rato de emprender un juego o una tarea cualquiera, dejan todo a un lado, y se ponen a corretear por la casa, en busca de nuevos entretenimientos.
Ante esa impaciencia y estado de inquietud que muestran en cada uno de sus actos, los obligan a estarse quietos cuando no desean, a comer en calma o a bañarse con la minuciosidad que esos hábitos demandan.
Las infancias en esa etapa del ciclo vital se cansan de todo rápidamente y cualquier tarea emprendida les resulta imposible hacerla, sobre todo, si son obligados a cierta quietud, porque son impacientes por naturaleza, aun en contra de su voluntad.
