Por Marilys Suárez Moreno
Dicen los entendidos que si a los infantes no se le prodiga amor y ternura pueden llegar a enfermar. Desde el mismo momento del nacimiento, el bebé disfruta cuando se siente cuidado y atendido: le resulta sumamente gozoso que le hablen, le canten y arrullen. Se alegra cuando juegan con él y le hacen caricias y mimos.
No es que estemos el día entero con el bebé cargado o de “brazo en brazo”; es necesario respetar el descanso y la necesidad de silencio. Lo mejor es aprovechar los momentos del baño y lactancia para darle mucho cariño y hablarle suave. Siempre lo va a agradecer infinitamente.
Los sentidos del bebé los ponen en contacto con la vida que para ellos comienza y, por lo tanto, tienen que aprender a descubrirla. Son como sus antenas para captar los colores, los ruidos, las sombras y luces: el sabor de los primeros alimentos, el olor materno, especialmente. También el frío y el calor, en fin, dolores y placeres.
No olvidemos que mediante los sentidos, aprende a sentir el frío, el calor, las sensaciones de placer y también de dolor. Ya antes de abandonar el vientre materno vive en un mundo de sensaciones y percepciones. Escucha el corazón, la rítmica respiración de su madre y hasta es capaz de percibir sus estados de ánimo. Después que nace, el desarrollo de los sentidos se relaciona con la evolución neuro- motriz.
Aunque parezca increíble, acabados de nacer pueden percibir sabores. Esa es la causa de que a algunos les guste la leche tibia de la madre y rechacen el agua.
En realidad, el sentido del gusto no tiene fecha fija para su evolución; se va formando a partir de que se incorporen a su alimentación comestibles variados. De ahí que se aconseja no hacerle siempre la papilla con el mismo sabor, pues además de aburrirle no le amplía el paladar. Este sentido se desarrolla a medida que se incorporan alimentos más variados durante el segundo trimestre de vida.
El olfato y el gusto, por ejemplo, están relacionados entre sí. Es natural que el bebé huela antes de probar un alimento y, en ocasiones hasta olfatea los objetos que lo rodean. Una criatura de pocos meses puede reconocer a su madre por el olor.
Todos los sentidos del bebé hay que estimularlos desde el mismo momento de su nacimiento. A medida que va creciendo, sus habilidades mentales y físicas, entre ellas la capacidad de hablar y caminar, se van desarrollando.

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