Por Mariacarla de Guadalupe Quincosa Guerra.
“El hecho de pasar de la observación, del análisis de la escritura a la literatura infantil representó un gran reto. Respeto en sobremanera la tradición literaria cubana y avocarme a esta empresa fue arriesgado; sin embargo, sentía que era extremadamente necesario, la práctica me lo estaba diciendo, los padres me lo estaban diciendo, la manera en que los niños comunicaban sus experiencias de vida respecto a la estética de su cabello me lo estaba diciendo”, cuenta Yadira Rachel Vargas Horta, joven escritora cubana del libro para niños Historias de Afroestima: Mi cabello rizado.
Yadira es de esas personas que ven la vida con curiosidad, con ganas de aprender y también de enseñar, de comunicar desde la humildad. Es licenciada en Historia en la Universidad de la Habana, ha estudiado acerca del patrimonio, su preservación, conservación y gestión, y ha desarrollado estudios sobre las infancias cubanas y su articulación en el pensamiento científico- médico del siglo XIX.
“Estilizar cabello afro, me iba a permitir no solo el oficio, sino el hecho sociológico o histórico de dialogar con cada uno de los clientes que en una medida u otra medida siempre tienen una motivación personal que escapa del solo hecho de porque me gusta o no me gusta. Dónde está esa razón que te lleva a decidirte a elegir el proceso, de considerar que lo que quieres se pueda parecer a esta o mas cual foto. Todas esas dimensiones de la autoimagen tienen mucho que ver con la mirada histórica que se pueda tener de cualquier fenómeno”.
El libro enseña conceptos como 'porosidad' o 'elasticidad' a través de cuentos. ¿Por qué elegir esta metáfora científica-poética en lugar de un manual directo?
Podemos enseñarles a los infantes, cómo todos los términos de fenómenos naturales de la biología, que a veces es algo tan simple como entender esa imagen con la que va proyectándose por la vida, cómo se comporta, las características que tiene, entender que de una manera u otra se parece más al de mamá o al de papá, qué características nos acercan o son totalmente opuestas. Los niños necesitaban tener esas palabras en sus manos, pero no como manual, necesitaban tenerlas en el contexto de la narrativa de una niña o un niño ficcionado. Darle una pista a toda la familia, a que el niño aprenda, pero el adulto también, desde la suavidad de la literatura.
El libro Historias de Afroestima: Mi cabello rizado llega bajo la premisa de la construcción de un nuevo ciudadano. Incentiva a las infancias a tener un carácter inclusivo, de justicia social, de reparación y de trabajo desde la comunicación antirracista.
Más allá del cabello, ¿qué es lo que realmente esperas que siembre este libro en sus lectores, pequeños y adultos?
Más que todo lo que quisiera que este libro llevara a cada persona que lo lea es la empatía, el hecho de comprender sensaciones buenas o malas o exageradas con respecto al tema del cabello. No saben muchos cuán esencial puede ser entender que su autoimagen es importante, cómo se ven, cómo se sienten, cómo se proyectan ante el mundo.
Debemos ser empáticos, debemos escuchar, observar, sentirnos parte de ese proceso emocional de construir una sociedad sana, de que ellos y todas las generaciones con las que puedan convivir entablen un diálogo intergeneracional, cuenten sus historias, entiendan los comportamientos que surgen ante determinado fenómeno dígase de la estética o de cualquier otro. El libro es un llamado a conectar desde la empatía a todas las generaciones para que se entienda cada uno en su contexto, qué lo lastimó, qué lo ayudó, y tratar de trazar un camino más feliz para garantizar el futuro.
Defiendes en una entrevista que la educación antirracista no debe transmitirse desde el dolor, sino desde la positividad y el orgullo. ¿Por qué es crucial este enfoque, especialmente para la niñez?
La palabra orgullo hoy la podría sustituir, porque el orgullo es el alimento de la vergüenza y pienso que más que todo, debemos comunicar desde la humildad, explicar por qué el antirracismo no tiene que ver solamente con el colorismo, no tienen que ver con que seas negro o blanco, tiene que ver con las relaciones sociales. Como dice la profesora Zulieca Romay que lo que se racializa no es el sujeto aislado sino la relación social en que ese sujeto está inmerso, los significados que toman determinados atributos visio-económicos en una determinada relación.
No tiene que ser puesto el dolor siempre en el centro, tiene que ser puesto el pensamiento crítico para saber qué matices asume el racismo en cada época, para explicarle a todos los infantes que hay una esencia humana más allá de cualquier estereotipo que los quiera encasillar, que entiendan que ha habido un desequilibrio en las relaciones sociales y que eso constituyó una razón, pero que eso no puede ser siempre la misma y la única.
Y entonces prestigiar el orgullo de la africanidad que se despliega por todas las venas de esta sociedad. Es darnos cuenta de que seamos blancos, negros, mestizos, de una práctica religiosa, una manera de hablar, una manera de caminar, gesticular, un sabor, que haya sido heredado de todo ese mar de personas que bañó nuestra isla y al mundo entero; también eso es ser parte y reconocerlo y reparar esa manera en la que se ha bloqueado todo ese conocimiento, es comunicar con amor a las infancias, es decir, qué parte de mí hoy contribuye a que se fortalezca la africanidad en la sociedad.



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