jueves, 26 de febrero de 2026

Resistencias cotidianas


 Por Redacción Mujeres

Desde La Habana, el Secretariado Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) se reunió hoy por videoconferencia bajo la dirección de Teresa Amarelle boué, secretaria general de la organización.

Las lideresas de la organización fmenina reflexionaron sobre los desafíos más urgentes: el embarazo adolescente que condiciona el destino de las jóvenes y sus familias, la juventud atrapada en la dependencia de drogas, la falta de electricidad que golpea la vida cotidiana y la necesidad de sembrar alimentos y sostener hogares comunitarios como actos de resistencia.

En el encuentro se habló desde la raíz de la vida comunitaria, con la certeza de que cada barrio es un espacio de resistencia y cuidado. Sobre el tema de embarazo en la adolescencia Yaniova Corría, Secretaria General de La Habana insistió en que no basta con reconocerlo como problema: hay que acompañar a las muchachas, prevenir, educar y sostenerlas.

Se reflexionó sobre el destino de esas jóvenes y de sus familias, de cómo un embarazo temprano puede truncar proyectos de vida y reproducir ciclos de vulnerabilidad. Agregó que atenderlas es también atender a la familia entera, porque el impacto no se queda en la muchacha, sino que se expande a su entorno inmediato.

 

El otro tema que atravesó la reunión fue la juventud atrapada en las drogas. Al respecto la Secretaria de La Habana argumentó que no se trata solo de un problema policial, sino de un drama social que exige prevención, acompañamiento y reinserción.

Comentó sobre jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, que representan la mayoría de quienes cometen delitos y de quienes consumen, por lo que hay que insistir en las acciones multisectoriales antes de que caigan en la espiral de la violencia o el consumo. La FMC se propuso ser protagonista en esa tarea: detectar, denunciar, pero también rescatar.

Por otra parte Teresa Amarelle Boué se refirió a los retos de la organización ante las consecuencias del bloqueo que genera la falta de electricidad con un alto impacto humano lo cual lo convierte en ataques a la vida colectiva.

Al mismo tiempo, se compartieron experiencias de resistencia: brigadas de triciclos eléctricos en Villa Clara, kits solares en policlínicos, televisores colocados hacia la calle para que los vecinos puedan ver noticias o novelas. La electricidad falta, pero la solidaridad se enciende.

En medio de la crisis, la producción de alimentos es como un llamado urgente. No se habla de grandes planes agrícolas, sino de lo inmediato: sembrar boniato, calabaza, frijoles, ajíes en patios, solares y sedes de la FMC. Se insistió en que cada espacio vacío puede convertirse en un pequeño huerto, que incluso en los comedores, una simple crema de calabaza es ya un aporte, y que caminar los patios, tomar un té de moringa con las familias y comprobar si se está sembrando es también parte del trabajo político. La consigna fue clara: sembrar es cuidar, sembrar es resistir.

Ese mismo espíritu se enlazó con los hogares de alimentación comunitaria, una tarea que ya muestra resultados en Guantánamo, donde 25 hogares atienden a embarazadas y personas vulnerables. La organización se reconoce como protagonista en esa acción.

No se trata solo de cocinar, sino de organizar: captar a las mujeres que puedan asumir el servicio, acompañarlas hasta convertirse en trabajadoras por cuenta propia, y garantizar que los recursos lleguen a quienes más lo necesitan. La producción de alimentos y los hogares comunitarios se presentaron como dos caras de una misma estrategia: sembrar para resistir y cocinar para sostener.


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