martes, 10 de febrero de 2026

Alden Knight: “He cumplido con mi gente”

Por Aime Sosa Pompa

Nos llega la triste noticia: la partida de Alden Knight, inmenso artista cubano, una de las personalidades más queridas por sus cercanas actuaciones; su temperamento inigualable, reconocible en su voz y sonrisa llena de presentes; en su postura clara, sincera, repleta de sinceridades necesarias en cualquier tiempo.

¿Y ahora qué harán aquellos versos de Guillén que caminaron erguidos por los escenarios, quién cerrará los espectáculos con el Tengo? ¿Qué será de las tardes de radio sin aquel que daba cuerpo a gigantes y enanos con solo el aliento y la vitalidad de un corazón sincero?.

Él, hijo de inmigrantes caribeños pobres, nació el 15 de agosto de 1936  en Martí, Camagüey y hubiera cumplido 90 años en este 2026. Le hubiéramos celebrado con ansias porque supo desde temprano que el arte es primero herramienta de dignidad y tesón, sin cargar resabios.

Fue en Guantánamo, cuando siendo un muchacho de diecisiete años, se atrevió a vestirse como el personaje que declamaba, a moverse donde otros permanecían tiesos frente al micrófono. No era declamador, le dijeron; era actor. Y desde entonces se fue haciendo su destino: no repetir versos, habitarlos. 

De CMKS a La Habana, de un sótano en el Hospital América Arias —donde pagaba techo y comida con escobas y rastrillos— a los estudios de CMQ, donde las estrellas nacientes brillaban con el sudor de los que poco tenían. 

Siete décadas después, su huella abarcaba lo impensable: el teatro musical y el circo, la radio de las tres de la tarde y las novelas, la pantalla chica y las películas extranjeras donde pudo ser protagónico. Deudas quedaron como las de no ser figura principal en la filmoteca nacional mientras cosechaba lauros con Candelaria (2018), filme colombiano.   

¡Como no recordarlo en Santa Camila de la Habana Vieja, su debut en las tablas, donde encarnó su papel con devoción! ¡O en Sizwe Banzi ha muerto, con sus quince personajes tejidos en una sola piel! ¿Quiénes hablarán de su estancia en Angola, donde los silbidos del público —que al principio creyó rechazo— eran en realidad un clamor de "¡otra vez!"?.

En cada poema dramatizado, en cada sketch, en cada gala, en cada acto, sembraba una imagen hecha persona a la par de todos los tiempos. Mientras sanaba: “Los actores somos un poco médicos, porque debemos ayudar a sanar el espíritu, a levantar los ánimos. Somos asimismo maestros, empeñados en realizar algo útil. También un poco educadores. Somos, en fin, un conjunto de pequeñitas cosas —ninguna de ellas grande—, con la mayor pretensión de que las personas, ese público al cual servimos, nos escuchen y disfruten un poco más la vida”.

Alden nunca se creyó dueño del talento: "Lo importante es no creer que uno lo sabe todo", repetía. Aprendió de los mayores, enseñó a los jóvenes —aunque lamentaba no haber pisado el la Universidad de las Artes, ISA, como le pedía Neyda, su esposa—, y hasta hace pocas semanas seguía grabando voces que supieran decir palabras como si fueran la verdad última.

Los premios están: Premio Nacional de la Television Cubana, la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, el Caricatos.... Pero él guardaba en el alma otro galardón: el reconocimiento cotidiano de quienes lo veían donde quiera y le daban, con las miradas, con la risa espontánea, con los apretones de manos, un millar de gracias.

Ahora, ¿quién dará voz a los versos como si fueran confesiones? ¿Quién recordará que el actor no es espejo, sino puente? Esperamos encontrarlo en las pantallas y en la radio, porque Alden Knight lo quiso así: "No hay nada más grande y más hermoso para un artista que haber trabajado para la cultura de su país". Y él lo hizo con las manos limpias y el corazón abierto.


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