domingo, 4 de enero de 2026

Patriotismo con identidad de mujer


 Por Marilys Suárez Moreno

El nombre de Trinidad Lagomasinos Álvarez se inscribe entre el de tantas cubanas que lucharon, de las más diversas maneras, en nuestras guerras de independencia. Las hubo enfermeras, fundadoras de hospitales de campaña, mensajeras, correos mambisas, abanderadas y combatientes con las armas en la mano. Pero todas, de un modo u otro, tuvieron que blandir el machete o el fusil y unirse a las tropas mambisas que peleaban en los campos de Cuba durante las dos grandes contiendas que buscaban la libertad del colonialismo español y la independencia absoluta.

De Trinidad Lagomasinos se desconocen las fechas de nacimiento y muerte. Se sabe, sin embargo, que era oriunda de Sancti Spíritus —entonces parte de la antigua provincia de Las Villas— y que desempeñó un papel destacado en la Guerra Necesaria, organizada y dirigida por José Martí desde el exilio como continuidad de la iniciada en Yara en 1868 por Carlos Manuel de Céspedes.

Trinidad se incorporó a la gesta de 1895 desde sus inicios y actuó como correo militar en Cienfuegos, Caibarién, Matanzas y La Habana. Se decía que operaba sola, razón por la cual la llamaban La Solitaria. Fue correo personal del Generalísimo del Ejército Libertador, Máximo Gómez Báez, pero también cuidó enfermos y heridos, y empuñó las armas como soldado cuando las circunstancias lo exigieron.

El propio Generalísimo la ascendió al grado de Capitana. Aunque no podemos profundizar demasiado en su historia —pues poco ha llegado hasta nosotros—, se afirma que Trinidad, al igual que la mayoría de las patriotas cubanas que lucharon por la independencia, destacó por su compromiso inquebrantable con la libertad de Cuba.

Se presume que murió sola, olvidada y en extrema pobreza, como tantos hombres y mujeres que entregaron su vida por ver a la patria libre del yugo colonial.

Conviene recordar que, en este período de nuestras guerras independentistas, hubo nueve Capitanas y una Comandante, y que otras cuatro mujeres merecieron el grado de General, aunque nunca les fue otorgado. Todas ellas —y las muchísimas otras que combatieron desde formas y espacios tan diversos, muchas veces sin que sus nombres quedaran registrados— reivindicaron un patriotismo con identidad de mujer, entregado y valiente, en la lucha por la independencia y la soberanía de Cuba.

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