Ocho décadas de luchas que se renuevan en América Latina y el Caribe
Por: Lic. Maybel González Marín y Lic. Yudelmis Valdivia Vega
La Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) nació en París en 1945, en un mundo que intentaba levantarse de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y que buscaba, con urgencia, reconstruir un horizonte de paz y dignidad.
Su creación respondió a la necesidad de articular un movimiento internacional de mujeres capaz de enfrentar el fascismo, el colonialismo y las desigualdades que habían marcado la primera mitad del siglo XX. Desde el inicio, la FDIM se concibió como un espacio plural y profundamente comprometido con la defensa de la vida, la igualdad y los derechos de las mujeres, integrando voces diversas que aportaban experiencias, luchas y visiones del mundo.
En ese entramado, América Latina y el Caribe ocuparon un lugar decisivo, no solo por la fuerza de sus movimientos sociales, sino también por la claridad política con la que la región vinculó la emancipación de las mujeres con la soberanía de los pueblos. La presencia de Vilma Espín, desde Cuba, marcó un punto de inflexión: su liderazgo permitió que la FDIM incorporara una perspectiva anticolonial, socialista y profundamente humanista, que enriqueció los debates internacionales y consolidó la participación regional.
A lo largo de las décadas, la FDIM ha acompañado procesos de transformación social en contextos complejos, marcados por dictaduras, intervenciones extranjeras, desigualdades estructurales y violencias de género. Su presencia en América Latina y el Caribe ha sido constante, articulando luchas locales con agendas globales y fortaleciendo redes de solidaridad entre mujeres que enfrentan realidades diversas, pero unidas por desafíos comunes.
En la actualidad, su labor se expresa en acciones que revelan su vigencia y su capacidad de incidencia. La organización ha denunciado de manera sistemática la violencia política y social que afecta a lideresas en países como Colombia y Honduras, donde defensoras de derechos humanos son criminalizadas, amenazadas y, en muchos casos, asesinadas. También ha impulsado encuentros regionales en México, Nicaragua y República Dominicana, espacios que permiten debatir estrategias para enfrentar la precarización laboral, la violencia de género y los retrocesos en políticas públicas que afectan de manera particular a mujeres, niñas y diversidades.
En el caso de Cuba, la FDIM ha mantenido una postura firme en la denuncia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos, al que identifica como la principal violación de los derechos humanos del pueblo cubano. La organización ha subrayado que sus efectos recaen con mayor dureza sobre las mujeres, quienes sostienen la vida cotidiana en condiciones de escasez, desigualdad y presiones económicas que limitan su bienestar y sus oportunidades.
Esta denuncia se articula con campañas de solidaridad internacional que buscan visibilizar las consecuencias humanitarias del bloqueo y fortalecer la unidad entre organizaciones feministas y populares de la región. Paralelamente, la FDIM ha promovido espacios de formación feminista en el Caribe, integrando a jóvenes y diversidades en procesos de memoria histórica, análisis político y construcción de propuestas emancipadoras. Estas iniciativas permiten renovar el movimiento, fortalecer la articulación intergeneracional y ampliar la participación de sectores históricamente marginados.
El contexto actual presenta desafíos que exigen una reflexión profunda y una actualización constante de las estrategias del movimiento. El avance de gobiernos de derechas en la región y en el mundo ha generado retrocesos en políticas de igualdad, restricciones a derechos conquistados y un resurgimiento de discursos conservadores y antifeministas que buscan deslegitimar las luchas de las mujeres.
A ello se suma la persistencia de violencias estructurales —económicas, raciales, patriarcales— que afectan de manera particular a mujeres y niñas, especialmente en contextos de pobreza, migración forzada y crisis ambiental. La disputa por los sentidos comunes en el espacio digital constituye otro desafío central, pues obliga a la FDIM a renovar sus lenguajes, narrativas y herramientas comunicativas para dialogar con nuevas generaciones, contrarrestar la desinformación y fortalecer la presencia feminista en entornos donde se libran batallas simbólicas decisivas.
A ochenta años de su fundación, la FDIM se reafirma como un referente indispensable en la articulación de luchas feministas, anticoloniales y populares. Su trayectoria demuestra una capacidad sostenida para integrar demandas locales en agendas globales, defender derechos en contextos adversos y construir redes de solidaridad frente a políticas de exclusión y violencias de todo tipo.
Los desafíos contemporáneos exigen una organización fortalecida, creativa y profundamente conectada con las juventudes y las diversidades, capaz de sostener la memoria de las batallas pasadas y proyectar un futuro donde la igualdad, la justicia social y la inclusión sean pilares de sociedades más humanas y solidarias. La FDIM, con su legado histórico y su compromiso inquebrantable, continúa siendo un actor clave en la construcción de ese horizonte.

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