domingo, 4 de octubre de 2026

Mujeres cruzan las fronteras para hablar de Brasil


Desde Venezuela, Argentina, República Dominicana y Cuba llegan voces de mujeres organizadas que miran las elecciones brasileñas desde la soberanía, la democracia, los derechos y la solidaridad entre los pueblos.


Por Marilys Zayas Shuman

Hay elecciones que desbordan las fronteras del país donde tienen lugar.

La jornada electoral brasileña de este 4 de octubre es una de ellas. Más de 155 millones de brasileñas y brasileños están convocados a las urnas para elegir presidente, gobernadores/as, senadores/as y diputados/as. 

Si ninguna candidatura presidencial obtiene más de la mitad de los votos válidos, el Tribunal Superior Electoral ha establecido un segundo turno para el 25 de octubre. 

En los días previos a la votación, mujeres organizadas de distintos países de América Latina y el Caribe han hecho públicos mensajes de solidaridad con las mujeres brasileñas y de respaldo a la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva.

Son voces diversas. Llegan desde Caracas, Buenos Aires, Santo Domingo y La Habana. Pertenecen a la Marcha Mundial de las Mujeres; y están vinculadas a organizaciones sindicales, campesinas o movimientos feministas populares.

No hablan en nombre de todas las mujeres del continente. Hablan desde sus organizaciones, sus territorios y sus propias experiencias políticas.

Y en sus palabras aparece una geografía común de preocupaciones: participación política, soberanía, derechos, justicia social, pueblos originarios, defensa de los territorios, lucha contra las violencias y solidaridad internacional.

Una elección mirada desde el continente:

La dimensión internacional no es ajena a la propia Marcha Mundial de las Mujeres.

El movimiento se define como una red internacional que articula organizaciones de mujeres y movimientos sociales y que vincula las luchas locales con procesos globales. 

Entre sus principios declara la solidaridad y el internacionalismo, junto con la construcción de alianzas para transformar las condiciones sociales que afectan a las mujeres. (Marcha Mundial das Mulheres). En Brasil, esa perspectiva se expresa abiertamente en la campaña electoral de 2026.

El 28 de agosto, la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil publicó una carta titulada “Feminismo popular organizado para reelegir a Lula presidente”, en la que explica las razones de su posicionamiento electoral y plantea una agenda que incluye políticas de cuidado, enfrentamiento a las violencias contra las mujeres, soberanía y defensa de los territorios. 

Ese documento permite comprender mejor los mensajes que desde otros países se han sumado a la campaña de solidaridad.

No se trata solamente de una consigna electoral. Detrás de ella existe una determinada lectura política sobre el momento que atraviesa Brasil y sobre la relación entre las luchas de las mujeres y los procesos políticos de la región.

Caracas: justicia e igualdad

Desde Venezuela, Johana Ramírez, integrante del movimiento feminista popular de Caracas, expresa su apoyo a Lula a partir de una cuestión directamente relacionada con la agenda de las mujeres.

“Mi apoyo a Lula da Silva porque él reconoce la lucha y los movimientos de las mujeres como acto de justicia e igualdad”, afirma.

La frase es breve, pero coloca una cuestión fundamental: el reconocimiento de las mujeres organizadas como actor político.

La participación de las mujeres en la vida pública no constituye un asunto menor en el actual proceso electoral brasileño. ONU Mujeres señaló en septiembre que las mujeres representan el 52,8 % del electorado brasileño, pero ocupan solamente el 17,2 % de las bancas de la Cámara de Diputados y el 18,5 % del Senado.

El contraste entre presencia electoral y representación política forma parte de una discusión que trasciende Brasil.

Argentina: la palabra soberanía

Desde Argentina, Joana Giménez, vinculada a la Marcha Mundial de las Mujeres, coloca otra palabra en el centro de su mensaje:

“Estamos con Lula porque él defiende la soberanía y no permite que el Brasil sea quintal de nadie”.

La expresión pertenece a una tradición política latinoamericana que relaciona soberanía con capacidad de los pueblos para decidir sobre sus territorios, sus recursos y sus proyectos nacionales.

La propia Marcha Mundial de las Mujeres brasileña ha colocado la soberanía entre los tres grandes ejes de su agenda para el próximo período, junto con el trabajo y los cuidados y el enfrentamiento a las violencias contra las mujeres. 

Así, lo que pudiera parecer una consigna exclusivamente brasileña adquiere una lectura continental.

República Dominicana: mujeres que quieren ser parte de las decisiones

Desde República Dominicana, Lidia Ferrer, de la Marcha Mundial de las Mujeres, introduce otra dimensión.

“Reafirmamos la importancia de fortalecer la participación política de las mujeres, la democracia, y garantizar que nuestros derechos, demandas y propuestas tengan un lugar central en la construcción del presente y del futuro de nuestros pueblos”, sostiene.

Su declaración desplaza la mirada de una candidatura concreta hacia una cuestión más amplia: ¿qué lugar ocupan las mujeres en las decisiones que determinan el rumbo de las sociedades?

Ferrer reivindica además la organización colectiva como instrumento para avanzar hacia sociedades “más justas, igualitarias y libres de violencia”.

Esa idea conecta con una de las características históricas de la Marcha: la construcción de fuerza política desde la organización de base y la articulación entre mujeres de diferentes territorios.

Los territorios también son una cuestión de mujeres

Desde Argentina, Miriam Liempe, vinculada a la CTA y a la Marcha Mundial de las Mujeres, introduce en el debate los derechos de los pueblos originarios.

En su mensaje destaca las políticas dirigidas a los pueblos indígenas durante el gobierno de Lula y menciona la creación del Ministerio de los Pueblos Indígenas y la presencia de Sônia Guajajara al frente de esa institución.

También relaciona la demarcación de territorios indígenas con la defensa de la Amazonía y la autodeterminación de los pueblos.

Aquí aparece un asunto que las organizaciones feministas populares vienen vinculando cada vez más estrechamente: la defensa de los derechos de las mujeres no puede separarse de la defensa de los territorios en los que viven las comunidades.

La agenda de la Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil incluye precisamente la defensa de los territorios indígenas, quilombolas y tradicionales, así como la soberanía alimentaria y el fortalecimiento de la agricultura familiar y campesina. 

La cuestión territorial, por tanto, no es un elemento añadido al discurso feminista: forma parte de la manera en que estas organizaciones entienden la vida, el trabajo, la autonomía y la justicia social.

Cuba: una palabra que atraviesa el continente

Desde Cuba, Elpidia Moreno, del capítulo cubano de la Marcha Mundial de las Mujeres, transmite un mensaje marcado por la solidaridad.

“Seguimos amando la paz, la justicia social y la solidaridad”, afirma.

Moreno expresa además su apoyo a Lula y agradece lo que considera su solidaridad con Cuba.

Su mensaje vuelve a colocar una palabra que atraviesa todas las intervenciones: solidaridad.

No es casual. La Marcha Mundial de las Mujeres se define como un movimiento que busca vincular el trabajo permanente realizado en los territorios con los procesos globales y que considera el internacionalismo y la solidaridad parte de sus características centrales. 

En esa perspectiva, una elección brasileña puede ser leída desde La Habana no solamente como un acontecimiento electoral, sino como parte de una conversación más amplia sobre las relaciones entre los pueblos.

El cuidado también es política

Hay otro elemento que ayuda a comprender la dimensión feminista de este posicionamiento.

La Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil ha señalado el trabajo de cuidados como uno de los ejes de su agenda. Su carta de compromiso reivindica la Política Nacional de Cuidados y reclama que el cuidado sea entendido como un derecho y una responsabilidad pública. 

Esta cuestión coincide con una preocupación más amplia señalada por ONU Mujeres en el actual proceso electoral brasileño, que incluye entre sus propuestas para las mujeres temas como participación política, violencia, cuidados, ingresos y cambio climático. 

El dato resulta significativo porque muestra que la agenda electoral de las mujeres no se limita a reclamar presencia en los espacios de poder.

También pregunta qué tipo de sociedad se construye cuando el trabajo que sostiene cotidianamente la vida permanece invisibilizado o recae de manera desproporcionada sobre ellas.

Cinco territorios, una conversación

Venezuela, Argentina, República Dominicana y Cuba no son iguales. Sus historias, realidades políticas y movimientos sociales diferentes.

Tampoco las mujeres que hablan tienen necesariamente las mismas trayectorias ni las mismas agendas.

Pero sus mensajes dirigidos a Brasil establecen un diálogo.

Johana Ramírez habla de justicia e igualdad.

Joana Giménez, de soberanía.

Lidia Ferrer, de participación política y democracia.

Miriam Liempe, de pueblos originarios, territorio y Amazonía.

Elpidia Moreno, de paz, justicia social y solidaridad.

Son palabras distintas que terminan componiendo una misma pregunta: ¿qué lugar tendrán las mujeres y sus organizaciones en el futuro político de nuestros pueblos?

La respuesta que ofrecen estas dirigentas es inequívoca desde sus respectivas organizaciones: quieren participar, organizarse, disputar las decisiones y construir alianzas más allá de las fronteras.

Brasil y el desafío de las mujeres

La elección brasileña ocurre, además, en un escenario donde las mujeres constituyen la mayoría del electorado, pero continúan teniendo una representación política considerablemente menor que su peso demográfico. 

ONU Mujeres ha llamado la atención precisamente sobre esa brecha y ha planteado diez propuestas dirigidas al conjunto de candidaturas, partidos, instituciones y sociedad brasileña. 

La existencia de estas propuestas permite colocar la discusión en un terreno más amplio que el apoyo a una candidatura determinada.

¿Qué políticas garantizarán la autonomía económica de las mujeres?

¿Cómo se enfrentará la violencia?

¿Cómo aumentará su participación en los espacios de decisión?

¿Cómo se distribuirán las tareas de cuidado?

¿Qué lugar ocuparán las mujeres rurales, indígenas, negras, campesinas y de las periferias urbanas?

Son preguntas que seguirán sobre la mesa independientemente del resultado electoral.

La solidaridad como puente

Mientras Brasil se prepara para votar, las voces que llegan desde otros países recuerdan algo que los movimientos de mujeres han aprendido durante décadas: las fronteras políticas de los Estados no siempre coinciden con las fronteras de las luchas sociales.

Una mujer campesina de República Dominicana puede encontrar puntos de contacto con una mujer indígena brasileña.

Una militante feminista de Caracas puede reconocer preocupaciones comunes con una activista brasileña.

Una dirigente argentina puede mirar hacia la Amazonía como parte de una discusión que también involucra al resto del continente.

Y desde Cuba, la palabra solidaridad puede convertirse en puente.

El 4 de octubre, Brasil decidirá en las urnas una parte de su futuro político. La ciudadanía brasileña será la que determine el resultado de esa elección.

Pero, alrededor de ese proceso, las voces de mujeres de otros territorios dejan también un testimonio.

Un testimonio de que América Latina y el Caribe continúan conversando.

Las luchas por la igualdad, la democracia, la soberanía, los derechos y la justicia social se cruzan en distintos territorios.

Para las muchas mujeres organizadas del continente, la solidaridad internacional sigue siendo una forma de hacer política y de imaginar juntas el futuro.

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