Por Marilys Suárez Moreno
Uno de los factores que más influye en la formación de la personalidad infantil es la seguridad, el saber que cuenta con el apoyo y la aceptación de sus padres y de que encontrará, siempre, la orientación que ellos le brindan.
Si las infancias crecen en un ambiente de seguridad, lograrán desarrollar un buen nivel de confianza; serán capaces de enfrentarse al presente y al porvenir sin las dudas y complejos que los atormentan.
Una madre que repite una y otra vez delante de su hija, la niña no es bonita, pero si inteligente, está muy gorda y la ropa no le asienta o es un niño sano, aunque debe comer más porque se ve mal tan delgado, etc., de ninguna manera, puede hacer que se experimente seguridad. Y sí, un sentimiento de complejo de inferioridad.
Algo similar ocurre con aquellos menores que tienen problemas con sus estudios, pero solo oye las lamentaciones de los padres, que sí se preocupan, pero en cambio se ocupan muy poco de crear condiciones para resolver el problema.
Es necesario fomentar el sentimiento de seguridad, de protección, que se produce cuando son objeto del amor y atención de los adultos; la certeza de que por difícil que sea la nueva situación que deben resolver, sus padres serán refugio seguro de comprensión y apoyo, que en cualquier situación, sea esta la más feliz o la más desdichada, tendrán la ayuda y aceptación de su mamá y su papá.
El amor y la protección deben ser incondicionales. Nunca deben ponerse en duda. El niño o niña debe saber que se le quiere siempre. Para guiarlo o ayudarlo no es necesario abrumarlo con críticas.
Hay que tener presente que el adulto es el que tiene más experiencia, por lo que no debemos esperar que el menor enfrente y resuelva sus problemas. El deber de los mayores es orientarlo cada vez que lo necesite.
Esta es una de las mejores formas de demostrar que se le quiere, a la vez que se educa.

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