viernes, 2 de enero de 2026

Mujeres Cuba adentro: La fuerza que sostiene la luz

 


Por Redacción Mujeres

Cuando me presento, no lo hago solo con un nombre. Digo: “Yo soy Leonor Castillo Hernández”, y detrás de esas palabras llevo a cuestas una historia que no es solo mía, sino de todas las mujeres cubanas que han decidido abrirse paso en espacios donde antes no se nos veía.

Hoy tengo el honor —y también la responsabilidad— de ser la única mujer en el país que representa a la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas en un mantenimiento mayor de una central termoeléctrica. Me toca hacerlo en la Ernesto de Barrios de la Cerna, allá en Santa Cruz del Norte, en Mayabeque. Cuando llegué, confieso que sentí temor. No por el trabajo, sino por la idea de dirigir a un colectivo mayoritariamente masculino. Pensé que me encontraría con resistencias, con prejuicios, con silencios duros. Pero no fue así. Me recibieron con respeto, con disciplina, con una decencia que me conmovió. Hoy me quito el sombrero ante ellos.

Dirigir esta unidad no es fácil. Desde afuera, una cree que lo entiende, pero solo cuando se está dentro se siente el peso real de cada decisión. Cada día enfrentamos dificultades: combustible que no alcanza, hospedajes complicados, pagos que se demoran, tensiones que se acumulan. Y aun así, el colectivo no se detiene. De las 51 personas que integran la unidad, 37 trabajan directamente en el mantenimiento, y entre ellas hay muchas jóvenes. Verlas crecer, aprender, aportar, me llena de orgullo. Saber que la juventud está ahí, dando lo mejor de sí, es una esperanza que se renueva.

Porque sí, trabajamos con carencias. Sí, hay obstáculos. Sí, hay un bloqueo que nos afecta, aunque algunos prefieran negarlo. Pero también hay una fuerza que no se bloquea: la voluntad de nuestro pueblo, y en especial, la voluntad de nuestras mujeres.

Yo no estaría aquí si antes otras no hubieran abierto el camino. No son 65 años por gusto. Vilma Espín impulsó una obra que hoy seguimos todas, desde cada rincón del país, desde cada oficio, desde cada responsabilidad. Somos herederas de una historia de resistencia, de dignidad y de entrega.

Por eso, cuando miro a mi equipo —a los hombres que trabajan sin descanso, a las mujeres que sostienen, empujan y transforman— siento que no estoy sola. Siento que formo parte de algo más grande: una red de mujeres cubanas que, desde lo visible y lo invisible, desde lo técnico y lo humano, desde la fábrica, el hospital, la escuela o la termoeléctrica, aportan su granito de arena para que este país siga adelante.

Nosotras, las mujeres cubanas, hemos aprendido a hacer posible lo que parece imposible. Y cada día, en cada turno, en cada decisión, lo volvemos a demostrar.

 

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